
La música alternativa, por definición, es aquella que se distancia de lo mainstream, de las tendencias pasajeras y de la lógica de la viralidad, donde muchas veces la facturación pesa más que la propuesta artística. Y esta es precisamente la música que será protagonista del festival El Carpazo 2026.
El Carpazo regresa este sábado 11 de abril en el club La Campiña, al norte de Quito. Aquí te contamos sobre este icónico festival ecuatoriano y todo lo que necesitas saber para disfrutar al máximo de una tarde de sonidos, fusión, baile y conexión con un propósito ambiental.
El cartel
El invitado internacional de esta edición es el artista colombiano Crudo Means Raw, quien visita por primera vez Ecuador con su más reciente producción, Nave Madre, un trabajo que explora lo espiritual y lo cotidiano desde la experimentación sonora, una buena puerta de entrada a su universo es el tema La Mitad de la Mitad.
También estarán los Swing Original Monks, una de las propuestas más reconocidas de la escena ecuatoriana y ganadores de los Premios Mis Bandas Nacionales, que fusiona ritmos latinos, tropicales y andinos en un show cargado de energía, color y celebración colectiva, como en La Santa Fanesca.
A ellos se sumarán La Máquina Camaleón, banda de rock indie que ha logrado consolidarse tanto en Ecuador como en la escena regional, con temas como Motora. Desde una línea más contestataria aparece Tanque, agrupación punk con más de 25 años de trayectoria, conocida por su postura crítica frente a la cultura política e identidad del país, reflejada en canciones como Dale José.
Denbtro de este cartel también está San Pedro Bonfim, quien llega con su proyecto solista -paralelo a su trabajo como vocalista de Lolabúm- con temas como Corazón de Guagua; y el dúo Jatun Mama, que desde Imbabura propone una mezcla de música kichwa experimental con géneros como la chicha, la bomba y el sanjuanito, como en Chificha Pugru.
Desde Esmeraldas, Mel Mourelle aportará una fusión de música popular latinoamericana y sonidos afro, combinando bolero con R&B, funk y una mirada social que oscila entre la denuncia y la celebración del territorio, como en Doping. A esta diversidad se sumará Flix Pussy Cola, una de las propuestas más irreverentes de la escena alternativa, que mezcla rock, punk y experimentación con un humor Gen-Z, presente en temas como Misil.
En la línea electrónica, el festival contará con Funkee Bomb, con influencias de house, breakbeat y techno; la DJ y productora Melissa Santamaría, quien ha llevado su sonido a escenarios en Ecuador, Argentina y Alemania; y Ravia, proyecto solista de Rafaela Valarezo que propone una exploración experimental entre letras crudas y una potente carga emocional, como en Honey.
No es solo música
Detrás de esta curaduría está José Fabara, fundador del festival, quien explica que la selección del cartel responde tanto a un criterio personal como a la capacidad de los artistas de sostener una propuesta en vivo.
Para él, no es lo mismo una buena canción grabada que una experiencia escénica sólida. A esto se suma la búsqueda de proyectos que tengan algo relevante que decir en el contexto del festival, atravesado por temas como el medioambiente y el disfrute.
Más sobre El Carpazo 2026
Lugar: Club La Campiña, Quito (junto al Parque Bicentenario).
Fecha: 11 de abril.
Hora: 15:00.
Entradas: https://www.meet2go.com/
A diferencia de un concierto tradicional, donde el público se reúne durante un par de horas para ver a un solo artista, un festival abre la posibilidad de habitar múltiples experiencias en un mismo espacio.
Pero más allá de la música —que es el eje de este festival—, lo que ocurre alrededor de ella es igual de importante. El Carpazo se construye como un punto de encuentro para disfrutar, explorar, bailar y, sobre todo, habitar un espacio seguro. Para Fabara, es también un acto de resistencia frente a la cultura del miedo: “yo creo que es importante salir y encontrarnos, vernos. No quedarnos con ese chip de del encierro, del miedo, para entre todos cuidarnos y construir estos espacios que nos hacen bien”
A esto se suma el componente clave del compromiso ambiental. En esta edición, la causa está enfocada en la conservación del águila andina, una especie que habita en el Chocó Andino, en el noroccidente de Quito. Por cada entrada vendida, se destinará un dólar a la Fundación Cóndor Andino, organización que lidera investigaciones y acciones de protección para esta ave.
“Me parece que la música es un imán superpoderoso que atrae a la masa y esos espacios siempre han hecho falta en los procesos de comunicación, de educación ambiental. Para que la ciudadanía entienda un poco más la dependencia que tenemos al 100% de la naturaleza”, dice Fabara.
Así, El Carpazo no solo propone una jornada de música, sino una experiencia que conecta cultura, territorio y comunidad, donde el disfrute también puede ser una forma de cuidado y conciencia. “Me gustaría que sientan esa libertad de bailar como quieran, de disfrutar la vida, de desconectarse de todo de las preocupaciones y que simplemente se entreguen al placer de vivir”, cierra Fabara.

