
Carnaval es sinónimo de Río de Janeiro, pero en otro tiempo lo fue de Carmen Miranda. Ahora, muy pocos recuerdan a esa artista, pero hace 85 años sus bailes y sombreros de frutas incendiaron el mundo. Le invitamos a conocerla.
Los años cuarenta retumbaban por los cañones de la Segunda Guerra Mundial y en Estados Unidos la gente iba al cine en busca de un sueño de celuloide que los arrancase de la pesadilla. Sin embargo, Europa, Asia, Oceanía y África estaban clausurados por las balas, así que la única esperanza era Sudamérica.
Y allí encontró Lee Shubert, un magnate del ‘show business’, a Carmen Miranda en 1939. Hasta entonces, la mujer se ganaba la vida trasplantando la samba a la radio y las películas brasileñas cubierta de collares y lazos.
Al verla cantar en el Casino Urca de Río de Janeiro, el empresario decidió llevársela a Broadway pero, solo entonces, supo que esa ‘garota’ en realidad era portuguesa.
Una fabricante de sombreros

María del Carmen Miranda da Cunha nació en 1909 cerca de Oporto, en una localidad llamada Marco de Canaveses. Por entonces su país enviaba botes cargados de esperanza y miseria al otro lado del Atlántico; en uno de ellos, la familia se fue a Río de Janeiro en 1910. Aquella fue la última vez que la recién nacida estuvo en Portugal.
Aunque su padre se opuso, las calles cariocas empezaron a llamarla desde muy joven para que animase las fiestas populares -más que caminar, danzaba- y justo cuando cumplió los catorce años, su hermana, la primera de seis, enfermó de tuberculosis, haciéndose imprescindible mandarla a un sanatorio de Portugal. El gasto puso en apuros a la familia, así que Maria del Carmen empezó a trabajar en una tienda, donde le enseñaron a fabricar sombreros.
Y era tan hábil que sus ventas la liberaron de la presión paterna, de manera que cuando conoció en 1929 al compositor Josué de Barros, aceptó su oferta de hacer discos para él. Las puertas se abrieron de inmediato.
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Carmen Miranda conquista el sur
La portuguesa sonaba a carioca -ni el inglés liquidó su acento-, de modo que fue la voz de la samba en los teatros y las radios. Luego de grabar su primer gran éxito, ‘Pra Você Gostar de Mim’, firmó un contrato con la discográfica internacional RCA Victor que mandó sus canciones a territorios distantes.
‘Pra Você Gostar de Mim’ -compuesta por Joubert de Carvalho- fue tan exitosa que el álbum entero vendió 35 mil copias solo en el año de lanzamiento. La artista apenas tenía veintiún años.
Por otro lado, el cine hizo de ella la encarnación del carnaval. Entre 1932 y 1939, filmó no menos de cinco películas que sonaban a sambódromo: ‘O Carnaval Cantado’, ‘A Voz do Carnaval’, ‘Alô, Alô, Brasil’, ‘Alô, Alô, Carnaval’ y ‘Banana da Terra’. En esta, la última en el país, se transformó en la mujer de los gorros, los fulares y las joyas estridentes.
Y es que no solo su música fue el símbolo de esa fiesta, sino su imagen: catapultó sus 152 centímetros de estatura sobre unas sandalias de plataforma que le otorgaban diez más y se cubrió de satén, excepto en el vientre que siempre dejó al desnudo. Para su cabello confeccionó un hiyab ‘baiano’ que, al contrario del árabe, invitaba a la pasión en lugar de frenarla…
María del Carmen -ya como ‘Carmen Miranda’ para no confundir la lengua de los americanos- se embarcó hacia los Estados Unidos junto con su jefe de Broadway y el grupo musical Bando du Lua. Era 4 de mayo de 1939 y la Segunda Guerra Mundial estaba a la vuelta de la esquina.
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Samba en Hollywood
Aunque actuó en Broadway y en varios clubes nocturnos, su parada en Nueva York duró apenas un año porque en 1940 ya estaba en Hollywood filmando su primera película.
‘Down Argentine Way’ de la 20th Century Fox era una comedia sobre argentinos hecha por estadounidenses y con Carmen que cantaba en portugués, pero como el mundo era demasiado gris durante la guerra, los bailes de Miranda en Technicolor parecían devolverle algo de tintura. Los estadounidenses regalaron a la película tres nominaciones al Oscar, mientras en Argentina y Brasil la sacaban de los cines entre chirridos audiovisuales.
El acento brasileño nunca abandonó a la artista portuguesa y tampoco los tópicos. Por el contrario, ella los acentuó fabricando sombreros de frutas para nuevos filmes tornasolados como 'The Gang's All Here', 'Copacabana' o 'Doll Face'. Con el tiempo, Brasil llegó a aceptarla porque gracias a ella los bailes carnavalescos salieron de sus fronteras, instalándose en el imaginario de un público global, al tiempo que la samba despertaba curiosidad y respeto.
Carmen Miranda bailó hasta el último día de su vida: el 5 de agosto de 1955, cuando tenía 46 años, estuvo en un set de televisión donde sufrió una caída, sin embargo, pudo terminar su acto; luego fue a una fiesta y a las 3 de la mañana, en su habitación y en plena en soledad, murió de infarto.
En Río de Janeiro, 60 mil personas recibieron su ataúd para acompañarlo al cementerio; hubo luto nacional, discursos y, al final, olvido. En Brasil, los clisés que ella alimentó en vida, se hicieron estigma luego de la muerte. Aun así, cada vez que empieza el carnaval, alguna escuela de samba no duda en resucitarla para que baile como en ese tiempo en el que todos éramos mucho más inocentes.

