Entre músicos, gestores culturales y público hay una coincidencia: en Guayaquil las bandas que prenden la fiesta suenan al trópico. En medio de la violencia que atraviesa lo cotidiano, la música sigue haciéndose espacios porque, al final del día, el goce es una forma de sobrevivencia.
La historia ha demostrado que en Guayaquil no existe un lugar donde la fiesta esté garantizada. Desde la presentación de Soda Stereo en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica, a fines de los ochenta; la tocada secreta de Charly García en el entonces icónico bar Diva Nicotina, a inicios de los 2000; hasta la aparición —hoy casi mítica— del emergente y ahora múltiple ganador del Grammy, Bad Bunny, en un patio de venta de carros en Mucho Lote, hace nueve años, se puede deducir algo cierto: no importa el lugar, importa quién lo habita y cómo lo hace vibrar.
Lo que parece indiscutible es que en Guayaquil se ama profundamente la poesía que se canta, que habla de nosotros mismos, del amor y que le pone ritmo a la lírica natural guayaca; aquella música en la que también es posible poner el cuerpo, la gracia y un poco de pogo que levanta polvo. De ahí nace esta lista, aun sabiendo que hacer listas puede ser problemático, porque siempre están armándose y desarmándose.
La Banda Brava
En enero, la Filarmónica de Guayaquil y la Banda Brava ofrecieron un concierto de salsa que puso a bailar al público en el Teatro Centro de Arte. La Banda mezcla texturas tropicales para contar historias de la ciudad. Esta propuesta nació hace diez años con el objetivo de explorar formas de llegar al público a través de ritmos tropicales que van desde la salsa hasta la guajira. Para esta agrupación, la música ha sido un espacio de resistencia, como lo expresa el sencillo que les da nombre y que se convierte en una especie de manifiesto: “aunque intentaron humillarnos, no lograron apagarnos”.
Hace tres años, esta propuesta se ha consolidado con Armando Gutiérrez, Javier Vera, Joel Vélez, Pablo Sánchez, Joa Vera y Juan José Sáenz de Viteri. Con ellos, la cantante y compositora ecuatoriana Belén Sánchez dio vida a su primer sencillo, ‘Lejos de casa’. una propuesta en la que mezcla rap, guajira y salsa. El grupo se ha planteado como propósito, a pesar de lo ambicioso que puede resultar en una ciudad ecléctica como esta, ser el canto de Guayaquil y recordar que la música puede salvar, sin importar de dónde vengas o con qué empieces.
Armada de juguete
El último disco de Armada de Juguete es algo así como la narración de una serie de leyendas locales ambientadas en el calor del trópico con trompetas que te hacen mover la cadera. Este 2026 la banda de ska punk guayaquileña celebra 20 años de cantarle al calor irremediable de la ciudad, a los fantasmas en la casa de la abuela, a las formas en las que el ser humano convive con la naturaleza. Como parte de su celebración han ofrecido una fiesta veinteañera, aunque aún no hay detalles.
La banda está integrada por Julio Hurtado 'JJ del Ska' (guitarrista y vocalista), Julio Peña 'Julio Rock' (Guitarrista), Abel Granizo 'Abel bass' (bajista), Alejandro Auz (baterista), Javier Vera (tecladista, trompetista, coros y slam), Gabriel Gutiérrez (trompetista), Michelo Wong (trombón y coros), Juan Pablo Maquián (saxo alto). Su propuesta de ska combina nuevamente formas del habla local y promueve, que ante el calor, lo único que queda es la posibilidad de moverse para bailar y darle sentido a la música.
Mamá Soy Demente
La historia cuenta que las primeras bandas de rock del Ecuador nacieron en Guayaquil. Reconocerlo puede parecer un ejercicio de chauvinismo, pero es un gesto necesario para la memoria de los clásicos que, en los años sesenta, reunió en distintos conciertos el legendario Pancho Jaime. Si algo define, sin embargo, a la escena rockera local es su carácter intermitente: bandas que entran en largos silencios, pausas extendidas y despedidas que nunca terminan de ser definitivas.
Mamá Soy Demente se despidió de la escena en 2019 con un concierto en el Estero Salado. Sin embargo, en 2025 la agrupación volvió a aparecer en un escenario, compartiendo cartel con otra banda legendaria —y también retirada— del rock local: Macho Muchacho. El concierto, realizado en una cervecería a orillas del río Guayas, dio paso a la presentación de canciones inéditas que formarán parte de un álbum anunciado para 2026. En esta nueva etapa, el proyecto integrado por Carlos Bohórquez y Dennis Darquea retoma su mezcla de rock alternativo con post-rock, noise y psicodelia, incorporando, como siempre, elementos de performance.
La banda nunca encajó en un molde. En sus inicios se propusieron hacer salsa, pero el resultado fue el rock alternativo de Mamá Soy Demente y canciones como Salsa de Marte. Desde los 2000 —cuando se reunieron para dar forma a un proyecto que luego adoptaría su nombre definitivo—, pasando por su etapa en México, su participación como banda sonora de la película mexicana El quinto mandamiento y su reciente retorno ante un público multitudinario, la trayectoria del grupo demuestra que no tiene un nicho cerrado, sino seguidores militantes.
Pan de dulce
Pan de Dulce lo hace todo: puede pasar de cantar villancicos en un bar de punk rock a soltar reguetón si el ambiente lo pide. El proyecto está conformado por Sebastián Peralta, exintegrante de Tayos Tayos Tayos; Valentina Albornoz, en los teclados; y Martín Erazo, uno de los integrantes de la banda Lolabum, también en los teclados.
La banda nació en 2021 y su propuesta se sostiene en la calidez de los sonidos setenteros del soul y la Fania All Stars. Aunque en las letras hay romance y amor, Sebastián —quien ha confesado estar dispuesto a cambiar su nombre por Pan de Dulce en el registro civil— sabe bien cómo comandar a un público disímil en el trópico.
Lyzbeth Badaraco + Sepia Jazz Trío
El jazz en Guayaquil es permanente y tiene muchas formas. En el panorama están Sepia jazz, que de manera itinerante propone improvisaciones prolongadas, acordes a la temporada del año. La agrupación está conformada por Pechiche Mena, Cristina Hernández, Luis Illescas y Carlos Hernández y aterriza la versatilidad del jazz en lo local.
Por su parte, la pianista y compositora Lyzbeth Badaraco trabaja a partir de imágenes locales, recuerdos especiales, poemas de autores locales como Medardo Ángel Silva, para proponer nuevas texturas en el jazz.


