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Los versos fúnebres de “Vasija de barro” fueron escritos el mismo mes en que conmemoramos Difuntos, pero parece que eso es solo una casualidad. Se ha dicho tanto sobre esa canción y sus autores y, aun así, no todo está tan claro. En este artículo desentrañamos su historia y les contamos por qué es tan importante para los ecuatorianos.
La historia, como siempre, depende de quien la cuente. Todo ocurrió, según los involucrados, la noche de un jueves 7 de noviembre de 1950, al calor de una reunión entre artistas, conversaciones y tragos. El anfitrión era un joven pintor llamado Oswaldo Guayasamín, que andaba por los 31 años y quería mostrar a sus amigos una de sus obras.
El cantante Gonzalo Benítez cuenta en sus memorias que se encontró con Guayasamín en el centro de Quito y que el pintor lo invitó a una reunión que estaba organizando en su casa, a las siete de la noche. Como Benítez y Luis Alberto el Potolo Valencia tocaban por la noche en Radio Quito, le dijo que no podía a esa hora. A lo que el pintor respondió, según Benítez: “A la hora que puedas y, por favor, invítale al Valencia”.
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