A favor
Tenemos la clave para rescatar a este país: el himno nacional. Pero lo desperdiciamos en inauguraciones de deportes y sesiones de la Asamblea. Esta es una propuesta para cambiar las cosas.
En las últimas Olimpiadas, cuando Daniel Pintado ingresó al exclusivo club de deportistas ecuatorianos que pueden jactarse de tener una medalla dorada colgada en su casa, vimos —por cuarta vez— cómo levantaban nuestra bandera mientras sonaban las notas del himno nacional, en una cadencia heroica que nos llevó a pensar en Jefferson, Richard y Neisi. Conmovidos y orgullosos, recuperamos la fe en nosotros mismos. Sin embargo, esto también sirvió para darnos cuenta de lo desperdiciada que está la canción patria de nuestro país bananero y ecuatorial.
Cuando escuchamos el “Salve oh patria”, la mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas revivimos traumas escolares. Volvemos a las heladas mañanas de lunes, casi sin poder sostenernos en pie por el sueño, formados en línea, tomando la debida distancia con el compañero, recordando, no sin malestar, que dejamos el cuaderno de matemáticas con el deber hecho sobre la mesa de la cocina y con la certeza de que el jugo de melón del termo se regó sobre el sánduche de mortadela barata y el huevo duro.
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