En contra
¿Cuál es el aporte del himno nacional a nuestras vidas? La respuesta rápida es: nada. La argumentada y distópica se la contamos aquí.
Interactúo poco con el himno nacional. Los lunes no lo cantamos en la mañana en el trabajo y no asisto a eventos políticos que deban empezar cada sesión cantando a la patria con la mano en el pecho. Es un alivio, porque ni tengo buena voz ni me sé la letra. Tampoco me interesa aprenderla.
En primaria el himno era una de esas rutinas que se repiten sin pensar, a veces por obligación, otras por inercia. No había otra opción: memorizar palabras cuyo significado se escapaba de mi entendimiento, esperar con ansias el recreo y seguir adelante. Porque no: a los seis años no sabía lo que significaba yugo ni holocausto ni patria. Ni siquiera ahora, treinta años después, me siento cómodo definiendo “patria”.
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