
Para su familia era Myriam Alejandra, para el resto del mundo simplemente Gilda. Falleció en 1996 convertida en una de las estrellas más luminosas de la cumbia argentina. Su muerte, como suele pasar, acrecentó su fama, pero también dio paso al mito.
Su fallecimiento avivó la imagen de santa y milagrera que sus coterráneos le endosaron cuando aún estaba viva. El altar donde sucedió el accidente que le quitó la vida, su tumba en La Chacarita y las redes sociales siempre están inundadas de flores, peticiones y agradecimientos.
De cantante a sanadora popular
Myriam Alejandra Bianchi Scioli nació el 11 de octubre de 1961, en Buenos Aires. Vivió en Villa Devoto hasta que un fatal accidente segó prematuramente su vida. Tenía apenas 34 años y solo 6 como cantante activa.
El trágico evento sucedió en la ruta 12 argentina, cuando iba camino a una presentación en la localidad de Concordia, provincia de Entre Ríos, acompañada de su madre, hijos y su equipo musical.
La buseta en la que se movilizaban fue embestida por un camión, con placas de Brasil, que causó la muerte instantánea de todos los que viajaban en el vehículo. Solamente sobrevivió Fabricio Cagnin, el menor de sus dos hijos.
Curiosamente, su muerte acrecentó su popularidad y la leyenda de que era capaz de realizar milagros y otros actos de índole sobrenatural. El mito fue creciendo como los ríos argentinos en invierno.
El lugar donde sucedió el siniestro se convirtió en un santuario muy visitado y lleno de flores, regalos y peticiones; al igual que su tumba en el campo santo bonaerense de La Chacarita, donde siempre hay rosas, rezos y pedidos.
Bueno, existe una diferencia entre ambos lugares ‘santos’. Mientras la devoción y la asistencia al pequeño e improvisado altar ubicado en la carretera fluctúa con los avatares de los lugareños; el pulcro nicho del “Cementerio del oeste” siempre está rodeado de crisantemos, inciensos y papelitos llenos de mensajes de peticiones y agradecimientos.
Esta veneración se ha extendido hacia las redes sociales. YouTube, por ejemplo, está lleno de mensajes y agradecimientos por el “milagro recibido”, en cada reproducción de los videos de las canciones que compuso, cantó y convirtió en referentes populares.
Amor por la cumbia
La vida de Gilda nunca fue la de una santa. Aunque nació y vivió en Villa Devoto, un tranquilo y floreado barrio porteño, no tuvo una niñez y juventud sin problemas económicos, así que optó por graduarse de maestra parvularia para asegurar el sustento diario. En ese ínterin se casó con Raúl Cagnin y tuvo dos hijos: Mariel y Fabricio.
Y aunque Gilda tenía una vida sin sobresaltos aspiraba a ser artista, ese fue el sueño de toda su vida. Luego de una lucha de varios años empezó su carrera como corista de cantantes cumbieras como Gladys, la Bomba Tucumana y Lía Crucet.
Ese recorrido vivencial acabó con su matrimonio y devino en la unión -tanto artística como sentimental- con su maestro y mecenas, Juan Carlos “Toti” Giménez, quien la ayudó en su lanzamiento como solista en 1990.
Desde esa fecha hasta su muerte en 1996, el desarrollo artístico de Gilda tuvo un crecimiento exponencial sorprendente. A su voz fresca y directa se sumó una puesta de escena vibrante que hipnotizaba a todo el mundo.
Gilda derramaba en el escenario sensualidad, pasos de baile perfectos y una voz que envolvía. También descubrió que tenía una vena de letrista importante y escribió muchas cumbias que fueron éxitos inmediatos.
Curiosamente, algunas de sus composiciones fueron registradas a nombre de Giménez, su representante Reynaldo Lío o su hermano Carlos Bianchi. Entre esos temas aparecen ‘Se me ha perdido un corazón’, ‘Es que te quiero tanto’, ‘Soy la otra’, ‘No es mi despedida’, ‘Dame todo’ y ‘Esta noche seré tuya’.
Los ecos de Gilda
Aunque fue aclamada en el sur de Sudamérica: Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Brasil, en el norte no lo fue tanto, por diversas circunstancias. Sin embargo, con su muerte varias de sus canciones se convirtieron en sucesos musicales en Perú, Ecuador y Colombia.
En Ecuador, mucho de la fama de la también fallecida Sharon, se debe a dos canciones de Gilda que hizo “covers”. Se trata de ‘Corazón Valiente’ y ‘Fuiste’, temas que tarareaban casi todos los jóvenes de los inicios de este siglo.
Widinson, el cantante carchense, también “covereo” tres temas de sus temas:’ Te necesito’, ‘Es que te quiero tanto’ y ‘Se me ha perdido un corazón’.
Pero los ecos de esta ‘santa’ no solo están en la música. En 2016, con el apoyo de su hijo Fabricio, se produjo la película ‘Gilda, no me arrepiento de este amor’, protagonizada por Natalia Oreiro y dirigida por Lorena Muñoz.
Lo último llegó con la IA. En 2023, la canción de la Selección Femenina de Fútbol de Argentina incluía la recreación de su voz y sonidos de una de sus canciones. Un merecido homenaje a una mujer que hizo de la música su lugar en el mundo.

