El joven de veinte años, Adam Lanza, que adquirió armas de combate por Internet y pasa sus días mirando muchas películas y jugando muchos videojuegos, entra en la escuela de Sandy Hook. En menos de cuatro minutos mata a veinte niños menores de siete años y a seis profesoras del kínder. Es una de las matanzas escolares más crueles de la historia, pero es una más, porque aquello ya es una epidemia.
En Estados Unidos pasa todos los años, en todas las condiciones sociales. Los perpetradores son casi siempre jóvenes aparentemente normales y expuestos, como todos, a la violencia en la pantalla y en la vida real. ¿Tienen relación los brutales crímenes de la vida real con aquellos que se repiten cada minuto en las pantallas?
Acá, me pregunto si los casi niños que salen directo de las barriadas de nuestro país al rigor de la mafia de turno no siguen la misma senda.
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