
En Viejos malditos un gato salva a un hombre de la soledad. No es la primera película en la que la redención tiene cuatro patas, pero esta va más allá: ofrece una radiografía de una sociedad que, hoy, envejece de forma acelerada y, aun así, se aleja de sus ancianos.
Viejos malditos esconde más de una historia: habla de la amistad entre un humano y un gato, pero también de la soledad y de la vejez. Tiene suspenso y melancolía. Y este último sentimiento rebasa el guion porque el protagonista, Jaime Bonelli, falleció en 2024 haciendo que esta fuera su última aparición en el cine.
El filme se estrenó el 6 de noviembre de 2025 y aspira a tener al menos siete lecturas -el mismo número de vidas de sus gatos actores-: quiere conmover, provocar por igual risa y llanto, esperanza, miedo y hasta un poco de rabia, pero sobre todo empujar a que el espectador se levante de su butaca cuestionándolo todo, incluso a sí mismo.
El gato y el anciano
A simple vista, Viejos malditos parece una comedia, pero no lo es: la tristeza impregna el metraje. Es casi despiadada. Se trata de un retrato de la vejez, especialmente de la soledad y de la incomprensión a la que esta puede condenarnos. El filme es la ópera prima de Xavier Chavez, quien cumple la doble función de guionista y director.
Desde las primeras secuencias, su protagonista, 'Elías', nos obliga a reír para no llorar. Y es que se trata de un viejo cascarrabias que unas veces está tentado por el suicidio y otras por el asesinato. Sin embargo, esconde un espíritu que se seca como efecto de la falta de amor, ya que nadie -ni su hijo- parece interesado en él.
El hombre vive en un conjunto residencial cuyos habitantes son de edad similar y comparten la enfermedad del silencio. Esta nace del abandono y, a la fuerza, los ancianos se transforman en colegas o rivales que tratan de aniquilar el tedio con naipes o cuidando plantas.
Eso sí, al principio todos combaten a un gato que les roba la comida o les tumba macetas y tejas en medio de coitos ruidosos. Pero 'Elías', luego de fallar en un intento de suicidio, descubre que esa criatura detestada, en realidad, busca un amigo tanto como él. Esa revelación ahuyenta a la muerte y a la enfermedad. El anciano recupera la alegría y deja de estar maldito. Vuelve los ojos al mundo, tratando incluso de reconciliarse con su hijo, aunque la ruindad humana lo acecha por doquier...
Viejos malditos retrata la tragedia de una sociedad que dice admirar a los ancianos por su experiencia y en la práctica los aísla. Sin embargo, la película ofrece esperanza: el amor puede salvar, pero hay que estar dispuesto a abrirle la puerta -o la ventana por si este resulta tener forma de gato.

"Una historia universal"
Cuando terminó la primera exhibición de la película, el elenco bromeaba con el director Xavier Chávez diciéndole que en su próximo guion optase por los perros en vez de los gatos. Pero él -que ha convivido con ambas especies- sabe que no hay mejor compañero para un solitario que un gato.
Los felinos son animales con ideas propias y no es posible obligarlos a hacer algo si no quieren, aun así, usted los escogió. ¿Cómo lidió con estos 'actores'?
Cuando estábamos buscando un posible coproductor, algunos sugerían cambiarlos por perros o generarlos con CGI -imágenes hechas en computadora-, pero el carácter de esas criaturas es importante para la historia: su forma de invadir, jugar, molestar es parte de la ternura que hay en la cinta.
Y nos decidimos por la coproducción argentina porque ellos nos consiguieron a un entrenador de gatos, quizás uno de los mejores de Latinoamérica, Walter Donado (Relatos salvajes, 2014). Él, que también es actor, hace ver fácil lo difícil: logró que animalitos sin experiencia en actuación, lo hicieran con naturalidad.
A ratos da la sensación de que, en el filme, el gato es la única esperanza para ‘Elías’, quien vive una vejez miserable: enfermo, lleno de deudas, solo… ¿la ancianidad puede volverse ‘maldita’?
Para mí el término ‘maldito’ dentro de la película tiene que ver con el humor de ‘Elías’. La historia no posee un antagonista definido pero, por el carácter del protagonista, acumula elementos de comedia o suspenso. En realidad, se trata de un drama muy fuerte sobre el adulto mayor y su día a día. Es tan duro el tema que hasta pensamos sacar aquel adjetivo del título. Al final no lo hicimos porque impacta y deja esa sensación de incomodidad que esperamos vuelva memorable a la cinta.
En Viejos malditos el hijo de ‘Elías’ lo subestima o se olvida de él.
Es triste ver que en algunas familias los hijos abusan de los papás cuando pierden la capacidad de decidir sobre sus cosas. Entonces, creo que ese tema está presente en la sociedad contemporánea y es necesario hablar de él. Por otra parte, los ecuatorianos tenemos dos vertientes culturales: la occidental y la de las civilizaciones originarias. Estas últimas respetan los conocimientos de los abuelos y se alimentan con ellos. Creo que Occidente puede aprender de eso.
¿Hubo un evento real que impulsó el rodaje de Viejos Malditos?
Un guionista -alguien creativo en general- siempre está con la mirada atenta: cuando mi abuela falleció en 2015, el abuelo de mi esposa, la productora de Viejos malditos, también había muerto y pensamos hacer una película que rindiera homenaje a los adultos mayores. Pero no idealizando esa etapa, sino mostrando lo triste que es el abandono para ellos. Y los animales también sufren por esa misma razón; yo quería hacer, asimismo, una historia sobre eso. Al final, ambas ideas se entrelazaron.
Jaime Bonelli falleció en 2024 y su actuación es poderosa, como si se hubiera entregado a este papel.
En algún momento del rodaje Jaime decía que Viejos malditos tal vez iba a ser su última película, pero independientemente de aquello, siento que él siempre lo daba todo de sí. Incluso quise quedarme con su copia del guion, pues descubrí que lo había llenado de apuntes y subrayados, encontrando un subtexto en casi cualquier cosa. Más tarde, eso le servía para materializar su actuación.
¿Y por qué hay que ver Viejos malditos y cine ecuatoriano en general?
El cine es nuestra cara ante el mundo: nuestra identidad, las jergas, la comida, en definitiva, lo que somos se presenta mejor a través de la pantalla. Por ejemplo: Colombia, con sus acentos y costumbres, se conoce en Los Ángeles y Europa gracias a las películas y las telenovelas. Es una carta de presentación. Y, en concreto, creo que hay que ver Viejos malditos porque se trata de una historia universal, es decir atraviesa las barreras de la edad y nos muestra tal y como es la humanidad.

‘Viejos malditos’ tras bastidores
La película tiene dos protagonistas: el gato y el anciano. En realidad, el primero fue interpretado por una hembra y sus crías. Siendo este el debut de todos en el cine. El adiestrador y cineasta argentino Walter Donado normalmente habría traído a un actor felino con sus dobles, pero la pandemia del covid lo impidió.
Debido a las restricciones sanitarias, él tuvo que hacer un ‘casting’ telemático a una gata recién rescatada en Manabí. Ya en Ecuador, Donado consiguió que ella y sus crías cumplieran con precisión: ronronean, rascan muebles y maúllan en el momento exacto y naturalmente.
Pero si los felinos son buenos, el actor Jaime Bonelli merece la nota más alta: su interpretación de ‘Elías’ es poderosa y el cinismo que exhala, la amargura y su redención obligan al espectador a meterse en su piel y sufrir cuando él lo hace en la pantalla.
El actor falleció el año pasado y no llegó a ver el corte final del filme, aunque sí tuvo acceso a una edición previa que el director Xavier Chávez preparó para él. En cualquier caso, su actuación más que una despedida es una prueba de que un artista no deja de serlo nunca, ni siquiera cuando el dolor se vuelve implacable.

