
Elogiada y despreciada en partes iguales. Con La sustancia, película que tiene como protagonista a Demi Moore, todo parece irse a los extremos. La novedad es que competirá por un Globo de Oro en la categoría a Mejor comedia.
La sustancia
Esta es la historia: Elisabeth Sparkle es una celebridad en decadencia. Atrás quedaron esos días en los que ella era el sol y el resto de la humanidad, simples cuerpos celestes que orbitaban a su alrededor. Después de que cancelaran su programa de televisión, Elisabeth decide usar una sustancia que replica sus células y crea temporalmente una versión más joven de sí misma.
En teoría, nada debe salir mal. Las instrucciones son claras y sencillas. Lo único que no puede suceder es que entre ella y Sue -su versión más joven- se pierda el equilibrio. Pero adivinen qué, a la segunda semana se rompe la estabilidad y comienza el caos dentro y fuera de sus cuerpos. Lo que viene después no es apto para estómagos sensibles.
Desde ese momento, queda claro que Coralie Fargeat, directora de la película, siempre quiso hablar de ese afán desmedido que la sociedad contemporánea tiene por los cuerpos perfectos, pero desde un nuevo lugar: la sátira y el terror corporal. Quizás intuyó que hacerlo desde la corrección política o de una forma zen no habría servido de mucho.
Y no ha servido, porque tener un cuerpo sano -que parece poco pero que si lo piensa unos segundos es bastante- no le alcanza a nadie. Mujeres y hombres, de todas las edades y latitudes, anhelan tener cuerpos cada vez más atléticos, más atractivos, más productivos y sobre todo que se vean más jóvenes. Para lograrlo se vale todo… absolutamente todo, incluida la autoexplotación.
Entonces, Elisabeth y Sue están ahí, frente a nuestros ojos, no solo para que pensemos en las consecuencias de aferrarse a una juventud que se fue y que nunca va a volver, sino también para que esa realidad nos revuelva las tripas y nos erice la piel; total, ahora sabemos que los verdaderos monstruos están cerca o se esconden en nuestro interior.
En ese contexto, Fargeat lleva lo monstruoso a límites inverosímiles; entonces el horror no genera espanto sino risas. ¿Hay una mejor forma de interiorizar uno de los problemas sociales más solapados de la actualidad que no sea a través de la sátira? Como dicen los entendidos: "la comedia no es otra cosa que tragedia + tiempo".
Demi Moore
Desde hace una década, el cine y la televisión estadounidenses tienen un nuevo género. Uno que no tiene aún un nombre oficial pero es fácil reconocerlo. Por lo general son historias protagonizadas por estrellas olvidadas de los años 80 y 90; películas que fácilmente ganan un Emmy, un León de Oro, un Premio en Cannes, un Globo de Oro o de plano el premio gordo, un Oscar.
Entre esas estrellas están Michael Keaton, quien revivió su carrera gracias a Birdman, Winona Ryder, que con Stranger Things se metió una nueva generación de fans al bolsillo y Brendan Fraser, que ya tiene un Oscar en la sala de su casa por su interpretación en La Ballena. Ahora parece que le llegó el turno a Demi Moore.
Al igual que la protagonista de La sustancia, a finales de los años 80 y principios de los 90, Moore fue uno de esos soles que iluminaba a todos dentro y fuera de Hollywood. Lo hizo en Propuesta indecente, Striptease y en decenas de otras películas. Pero quizás el papel por el que más ha sido recordada es por el de Molly Jensen, en Ghost.

Seguro Moore no lo sabe, pero una generación entera quiso estar en el lugar de Patrick Swayze, su coprotagonista en esa cinta, en aquella escena en la que juntos moldeaban una cerámica mientras de fondo sonaba una versión de Unchained Melody. Demi, si lees esto, yo no fui el único niño de 6 años que se enamoró de ti en aquel lejano 1990.
Pasando a temas más actuales, la interpretación de Moore en La sustancia es redonda. Su personaje pasa por una serie de transformaciones emocionales y físicas que hacen olvidar a la Demi de las horas más bajas: la de Los ángeles de Charlie y la de los Premios Golden Raspberry, que entregan reconocimientos a lo peor del cine.
Si Demi entra al grupo de nominadas a Mejor actriz en los Globos de Oro, se subirá nuevamente a la cresta de la ola, todos saben que de ahí a los Oscar solo hay un paso. Además sería un regreso glorioso, porque en La sustancia demuestra que quienes la subestimaron en los 90 se equivocaron.
Si mira toda la película entenderá que la versión más monstruosa de Elisabeth Sparkle no es la que aparece al final y que el verdadero monstruo se presentó ante sus ojos mucho antes, sin sangre, gula y violencia de por medio.

