
A Sueños de trenes no hay que verla desde afuera, hay que meterse en ella, como quien explora un bosque de árboles enormes y centenarios. Hay que sentirla en lo más hondo del pecho, hay que sufrirla como se sufren las ausencias; esas ausencias que son lo único que tiene Robert Grainier, el ermitaño protagonista de este filme nominado a 4 de los premios gordos del Óscar 2026.
Siglo XX, Estados Unidos. El leñador y trabajador de ferrocarril Robert Grainier es apenas un niño. No sabe quiénes fueron sus padres. Tampoco sabe exactamente el año o el día en el que nació. Pero cuando tenía seis o siete, llevaba su destino colgando del cuello. En un pequeño cartel que caía sobre su abrigo había dos palabras: Fry, Idaho. En ese pueblo empezaron a hilvanarse sus primeros recuerdos. Ahí fue testigo de la deportación en masa de cientos de familias chinas. Sus pequeños ojos redondos y brillantes como tiernos capulíes quedaron desconcertados por lo casual que puede ser la violencia.
Un hombre de alma lacerada
Una voz en off que se siente como la caricia del terciopelo nos da pequeños empujones para que nos asomemos a la vida del leñador Robert Grainier, interpretado por el director y actor australiano Joel Edgerton. Este personaje es un hombre al que la vida le ha mostrado sus peores caras. La soledad y el abandono, las más persistentes. Sin embargo, se enamora de la bella Gladys (Felicity Jones), construye una cabaña, tiene una hija… El destino le da una buena probada de felicidad.
Pero un incendio lo devuelve a la senda sombría del dolor y la melancolía. En acá donde la película se gana buena parte de los puntos: no hay sentimentalismo. El fatalismo no tiene cabida. Grainier carga erguido la soledad. Se entrega a la pérdida sin paralizarse, mientras deja que los recuerdos muevan la rueca de su presente.
Los hechos suceden en ambientes que a ratos parecen pintados por los paisajistas del río Hudson, una corriente pictórica estadounidense del siglo XIX. Desde las primeras escenas, el espectador puede notar el cuidado de la fotografía. Los encuadres, los colores de los atardeceres, los troncos y las copas de los árboles que Robert y sus compañeros talan, no sin remordimiento…
—Nunca estoy feliz cuando el trabajo termina. No sé por qué. Siento una incomodidad dentro.
—Es porque es trabajo duro, no solo en el cuerpo, sino en el alma. Talamos árboles que estuvieron aquí 500 años. Eso lacera el alma de un hombre, lo reconozca o no.
Ficha de Sueños de trenes
- Nominaciones al Óscar: Mejor película, Mejor guion adaptado, Mejor fotografía y Mejor canción.
- Director: Clint Bentley.
- País: Estados Unidos.
- Productor: Teddy Schwarzman.
- Guion: Denis Johnson, Greg Kwedar, Clint Bentley.
- Basada en: Train Dreams de Denis Johnson.
- Narrador: Will Patton.
- Protagonistas: Joel Edgerton, Felicity Jones, Clifton Collins Jr., Kerry Condon y William H. Macy.
- Año: 2025.
- Duración: 102 minutos.
Este mundo es más complejo, amigos
La trama -encasillada como un western, pero sin tiros- se toma su tiempo. Los diálogos van sin prisa. Bastan unas cuantas frases para tejer profundidad. Como aquel día, al final de una de las muchas jornadas en las que se embarcó Grainier. Los leñadores reunidos al calor de una fogata y recostados sobre unos troncos recién derribados hablan del regreso a casa, la paga y la angustia de los más viejos. Angustia por lo que están depredando.
“Este mundo es más complejo, amigos. Cada hilo que jalamos afecta el diseño de todas las cosas. Solo somos niños en la tierra, recogiendo ramitas y creyendo que somos dioses”. Lo dice el ya mayor Arn Peeples, interpretado por William H. Macy, mientras bebe sorbos de un desgastado vaso de lata.
El guion del que nacen estas y otras reflexiones es una adaptación del libro Train Dreams (2012) de Denis Jonson. Es una novela de 116 páginas que Clint Bentley, director de la cinta, junto al cineasta Greg Kwedar, fueron moldeando para llevarla a la pantalla. Aquí va una curiosidad: Sueños de trenes se estrenó en streaming a través de Netflix. Semanas después llegó solo a unas cuantas salas de cine.
—No sé a dónde van los años, Arn.
—Si lo descubres avísame, quisiera que me devolvieran algunos.
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Sueños de trenes, un canto al adiós
El trecho que transcurre entre el inicio y el fin de la existencia cabe en uno de los vagones de esos viejos trenes en los que Grainier vuelve a casa después de cada jornada. Esos tránsitos son, como todo en la película, un tiempo calmo y reflexivo. Es como si para llegar a donde pertenece ese barbado y corpulento leñador, hubiera que limpiarse primero; pero no en aguas claras, sino en las sombras de los pensamientos que remuerden la conciencia.
-Robert: Quiero que digas mi nombre una vez más. Me fascina cuando viene de ti, su sonido.
-Gladys: Robert
Gladys, interpretada por Felicity Jones, es la compañera del ermitaño. Con ella y Kate, la hija de ambos, el duro semblante de Robert se relaja. Gladys es la redención, la familia, la posibilidad de armar un origen. Es también la melancolía, la espera, la voz que se oye en medio del campo. Los ecos de una experiencia corta que alcanza para encarar 80 años hechos a la medida de la soledad.
—¿Crees que las cosas malas que hacemos nos siguen durante toda la vida?
—No lo sé. He visto hombres malos ascender y a hombres buenos arrodillarse.
Sueños de trenes nos presenta la vida como una sucesión de muertes, un ensayo de despedidas. Durante un largo tramo somos espectadores. Llegada la hora, mutamos en protagonistas y el pésame es por nosotros.

