
Roy Cohn, ultraderechista vinculado con varios de los más oscuros personajes de fines del siglo XX, fue determinante en la vida del político y millonario.
“Se trata de un verdugo legal: el más duro, el más malvado, el más leal, el más vil y uno de los abogados más brillantes de Estados Unidos”. Así titulaba en 1978 la revista Esquire a un perfil de Roy Cohn, uno de los personajes de mayor influencia en ese país durante la segunda mitad del siglo XX, mentor del presidente electo Donald Trump.
Su figura volvió a la palestra pública estadounidense en este 2024, una vez que se estrenó el filme del director iraní-danés Ali Abassi, “El aprendiz”. Película que Trump y sus abogados pretendieron vetar con todas sus fuerzas debido al involucramiento en pantalla del político y millonario con un personaje más que controversial.
Larga data
La relación, sin embargo, al gestarse en una época marcada por el desarrollo de los medios de comunicación, tiene un prontuario inocultable en su país, aunque es novedosa para el resto del mundo. Existen artículos de prensa, libros y documentales que retratan a Cohn, los cuales no ocultan su lazo como patrocinador legal de Trump desde 1972.
Cohn fue un jurista involucrado, sobre todo, con el poder, sea este político o económico, del cual solo hacía una distinción: que sus defendidos no tuvieran ni el más mínimo olor a izquierda. Conocido por sus estrategias maquiavélicas para beneficiar a sus clientes, incluidos cuadros que no se alineaban con reglas de convivencia social mínimas, como los capos de la mafia Anthony ‘Gordo’ Salerno y John Gotti.
Nacido en 1927 en el Bronx neoyorquino y formado en la Universidad de Columbia, saltó muy joven a la fama, en 1953, una vez que se convirtió en asistente del prominente senador anticomunista Joseph McCarthy. Este fue ejecutor de una las cacerías de brujas más desquiciadas de la historia, que buscaba izquierdista hasta en la sopa, con énfasis en la industria del cine.
Fue fiscal implacable en el juicio en contra de Ethel y Julius Rosenberg, acusados de enviar información ultra secreta al científico Klaus Fuchs, quien a su vez la filtró a la Unión Soviética, enemigo de Estados Unidos en la Guerra Fría. Se trataba de la letra chica del Proyecto Manhattan, el cual terminó con la creación de la primera bomba atómica de la historia. En un proceso explosivo y politizado, los acusados fueron condenados a muerte. Cohn reconoció años más tarde que influyó directamente en el juez para que eso sucediera.

El pupilo ingrato
En El aprendiz, Cohn pone a disposición de Trump una carrera forjada en la carencia cuasi absoluta de escrúpulos para lograr sus objetivos. El hoy político buscó al jurista siendo muy joven, cuando aún cobraba los alquileres a los inquilinos que residían en los condominios de su familia, en los tempranos setenta.
Se trataba de un Donald gris, que vivía en la casa y bajo la sombra de un padre déspota. El clan se veía amenazado por una demanda de la justicia, en razón de una posible discriminación a arrendatarios afroamericanos. Cohn lo defendió con gusto y vio en Trump a una suerte de delfín, al que podía enseñarle mucho. Y así fue.
Con el patrocinio del abogado, se independizó de su familia y comenzó una carrera exitosa en el campo inmobiliario, en la cual se llevó por delante a todo lo que estuviera en contra. Para ello tuvo la poderosísima ayuda de Cohn, quien, como se ve en el filme, espía a todo el mundo para obtener herramientas de chantaje, sobre todo a jueces, agentes de la justicia, testigos…
Fue tan eficaz la enseñanza, que, una vez que Cohn cayó gravemente enfermó a mediados de los ochenta, Trump se alejó. El magnate inmobiliario sabía de la homosexualidad de su abogado y, sobre todo, del doble cariz del experto en leyes, quien en público estaba en contra de otorgar derechos a personas que gustaran del mismo sexo.
Roy falleció en 1986 en, quizás, su mejor época. Gobernaba Estados Unidos el republicano y conservador Ronald Reagan, quien recibía al jurisconsulto en sus oficinas de Washington. Su salud se quebrantaba rápidamente en razón de que se había contagiado de sida, una enfermedad incurable entonces. Sin embargo, jamás aceptó sus padecimientos; en la televisión, donde aparecía constantemente, llegó a decir que tenía cáncer hepático.
El actor Jeremy Strong, quien da vida a Cohn en la gran pantalla, dijo antes de su estreno que “era un desafío interpretar a una de las peores personas en la historia americana, al diablo”. La película fue boicoteada exitosamente por el equipo de abogados de Trump, ya que solo es exhibió en pequeñas salas de cine de EEUU, alejadas del gran público. En Ecuador, apenas se programó por contadas semanas con una frecuencia mínima.

