
Escucha el artículo
Still es un documental sobre la vida del actor Michael J. Fox. Sí, el mismo que protagonizó la saga de Volver al Futuro y al que le diagnosticaron Parkinson a los 30. El filme es una de sus mejores películas.
Prosperidad y abundancia aguardan a la celebridad que cuente lo cierto. Hay, para hacerlo, momentos propicios. Cuando, luego de un ascenso meteórico, pasa de su peak a su prime; cuando estalla un escándalo y es correcto aclararlo o brindar una segunda opinión; cuando ya no es nadie; cuando llega la madurez, antes de la ancianidad; mientras aún sucede el crepúsculo de los dioses. Hay momentos, hay circunstancias. Una de esas circunstancias puede ser la enfermedad.
A Michael J. Fox, celebridad ochentera de alcance intergeneracional, le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson en 1991, mientras trataba de seguir montando el toro mecánico al que lo trepó la fama mundial. El actor aún no cumplía los 30 años y, por miedo a perder su trabajo (y miedo a afrontar su vida), mantuvo su condición en privado hasta 1998. El cuento, lo que pasó antes y después del diagnóstico, lo cuenta él mismo en un documental de Apple TV. La película se llama Still y muestra la versión más compleja y completa del actor.
Lo que pasó antes
Michael J. Fox nació en Canadá. Fue un niño inquieto, imparable, gracioso; el niño al que solo le interesan las clases de teatro y de hecho promete mucho. La televisión se fijó en él desde pequeño y, cuando era adolescente, abandonó el colegio para vivir en Los Ángeles por su cuenta. Antes de que se marchara, su padre le dijo, ‘si quieres ser un leñador, más te vale ir al bosque’. En California se mantuvo con papeles pequeños y mal pagados que acaso y le permitían una hamburguesa de McDonald’s. Hasta 1982, cuando entró a la serie de comedia Family Ties y el mundo supo de él.
Para 1985, el chico se había convertido en una máquina de trabajo y de dinero, había conquistado la televisión y ese año haría lo mismo con el cine. 1985 fue el año en que se estrenó la primera parte de Volver al futuro, la cinta sobre un adolescente que viaja en el tiempo para salvar a un amigo y de paso acomodar la historia de sus padres.
La película fue un éxito planetario y no fue una moda porque nunca pasó de moda. Hoy por hoy la ven los hijos de quienes la vieron hace 40 años. Es más, diría que pasada la época de pelis estrictamente infantiles, ‘Volver al futuro’ es de las primeras cintas que padres e hijos ven juntos. Algo no menor.
Entre 1985 y 1990, Michael J. Fox debe haber sido el actor más fotografiado, entrevistado y acosado de su generación; misma generación de Sean Penn y Jhonny Depp, por si acaso. Y una especie de salvaje puertas adentro, ¿por qué los que hacen de buenitos siempre son dañados? Cuando se dio cuenta de que partes de su cuerpo temblaban por sí mismas, se volvió un alcohólico especializado en jarras de margaritas y botellas de vino para ocultárselo a sí mismo, y cuando supo que tenía Parkinson se especializó en tomar medicinas en el set sin que nadie se diera cuenta.
Lo que pasó después
En Still se nos informa sobre el pasado de Michael J. Fox con material de archivo y una reconstrucción de hechos que, contra todo pronóstico, funciona bastante bien; a partir de eso, una actualización en la vida del personaje, entrevistas decidoras y sesiones de terapia y hasta accidentes que permiten acceso a su verdad. A fin de cuentas, Michael J. Fox pasa de personaje a persona y al interpretarse a sí mismo adquiere grosor humano, emocional, literario. El final de la película terminó siendo: chico crece, se hace un hombre un grande.
Aquí la lección no es que deba suceder una tragedia para que el personaje principal aprenda, cambie, crezca; al contrario, que el conocimiento provenga exclusivamente de una tragedia es una tragedia en sí misma. La moraleja aquí sería con qué cara y qué cuerpo se lleva una tragedia, ¿con la cara rígida y el cuerpo en su antojo desacompasado? Si me apuran, digo que la misión de aquí en adelante consiste en abastecerse de conocimientos revelados por una alegría. No únicamente, eso sería imposible y tonto, pero sí con la mayor frecuencia.
‘En veinte años estaré curado o estaré muerto’, dice Michael J. Fox. Lo dice como todo lo que dice, empaquetado en el humor, queriendo protegerse de la data dura con el sarcasmo. Y Still como documental sale ganando cuando no le permite ni lo uno ni lo otro. Si es cierto que nada hay menos auténtico que un actor, es decir, que alguien que pasa la mayor cantidad de tiempo tratando de ser otra persona o de plano siendo otras muchas personas, también es cierto que las luces que iluminan y dejan ver son las que se prenden al final, cuando el espectáculo ha terminado y el show debe continuar aunque no se vea más show por delante.

