
A cuarenta años de su estreno, Matador, de Pedro Almodóvar, vuelve a proyectarse en el cine Ochoymedio, en el marco del Festival Eurocine 2026. Sexo, muerte y erotismo; tauromaquia, eclipses y detectives; Carmen Maura, Antonio Banderas y Chus Lampreave: son solo algunas de las razones para volver a ver este clásico.
El rostro de un hombre, muy cerca. Le pasa algo. Le pasa mucho. Sufre, se extasía, tiembla. Es el miedo. Es el deseo. El hombre vibra, arde. Pero también está triste. Hay algo trágico en su mirada. Intuimos que se masturba. Sabemos que está viendo algo, pero no sabemos qué.
Tampoco alcanzamos a ver sus manos así que la masturbación no resulta del todo explícita. Lo vemos a él, su rostro contenido en una agonía placentera. Ese rostro atravesado por tantas cosas aún indescifrables resulta perturbador, y lo es más cuando en el siguiente plano entendemos qué es lo que mira: mujeres atadas, cuerpos inertes, asesinatos. Se trata de la primera escena de Matador (1986), la cuarta película de Pedro Almodóvar.
Matadores y matadoras
El guión de Almodóvar y Jesús Ferrero, cuenta la historia de dos personas que solo encuentran placer a través del dolor, o en otras palabras: que aman tanto la vida que, para exprimirla, necesitan ir hacia el otro extremo, la muerte.
Diego Montes (Nacho Martínez), un torero retirado por haber sido atacado por un toro, debe conformarse con dar clases de tauromaquia; pero desde que se le ha prohibido entrar a la plaza, ha desplazado su pulsión hacia un lugar mucho más oscuro, asesinar mujeres.
Por otro lado, Carmen (Assumpta Serna), una especie de parodia de la clásica mujer fatal, busca a hombres para acostarse con ellos y luego asesinarlos, clavándoles en la espalda la aguja que lleva en el pelo. No puede consumar un orgasmo sino es con esta puñalada final. Estos dos seres se encuentran a través de Ángel (Antonio Banderas), alumno de Diego.
En esta cinta, Almodóvar explota la metáfora a la que invita el ritual taurino: Carmen y Diego asesinan a sus víctimas igual que el torero al toro, y de alguna manera, igual que el amante penetra a su amada. Almodóvar propone un juego entre la dominación y el placer. Y entre líneas quedan muchas preguntas: ¿Por qué resulta excitante el peligro? ¿Cuáles son los límites entre el placer y el dolor? ¿Es innato el instinto de dominación en el ser humano?
¿Te gustan los toros? Le pregunta Diego, y Carmen responde: “Más bien me gustan los toreros” Almodóvar logra mostrar la belleza del ritual de la tauromaquia, haciendo hincapié en la belleza y/o complejidad de la figura del matador.
Matador en el Eurocine 2026
- Fecha: viernes 18 de septiembre, 17:00.
- Lugar: OchoyMedio, Sala 1.
- Director: Pedro Almodóvar.
- Elenco: Carmen Maura, Antonio Banderas y Chus Lampreave.

El primer Almodóvar
Matador es la última película de la primera etapa de Almodóvar. Después de esto ya empezará con nuevas búsquedas. Pero aquí nos encontramos con el más corrosivo, salvaje y temerario; el de Entre tinieblas y Pepi, Luci, Bom, el que dialoga tanto con Hitchcock como con McNamara; el que se permite cameos larguísimos (e increíbles) ; el que utiliza los códigos del terror para explorar la comedia; el que se mete con la muerte, con el sexo y, más radicalmente, con el deseo de muerte.
También asoma el Almodóvar que se atreve a reírse de la “hombría”, a mostrar penes sin solemnidad pero con deseo, el que se permite terminar una historia con un eclipse: un acontecimiento tan grandioso como absurdo, tan supersticioso como misterioso, y tan bello como ridículo.
Una de las cosas más interesantes de esta película es cómo Almodóvar filma los cuerpos masculinos. Basta ver esos planos cerrados de los sexos forrados en sus trajes rojos. En un mundo- y en un tiempo- en el que predominaba en el cine (y en la vida) la erotización de los cuerpos femeninos, él decide erotizar los masculinos; no esconder, sino ensalzar el deseo homosexual y/o femenino, y mostrar a la mujer no cómo el objeto deseado sino como un ser deseante.
Para sus primeras películas, Almodóvar se inspiró en el giallo italiano, un género reconocido por mezclar misterio, suspenso, thriller psicológico, terror y violencia. Este género no nació en el cine, sino en las novelas policiacas underground sobre asesinatos, identidades ocultas y obsesiones sexuales.
Directores como Mario Bava o Dario Argento llevaron esta estética a la pantalla grande, y luego vino Almodóvar y como es su costumbre, la recreó a su manera, acercándola a su cultura, la cual, a sus ojos, parecía hecha a la medida del giallo.
Más clásicos del Eurocine 2026
Ocho y Medio, de Federico Fellini
Ocho y medio es el cine mismo. No es una película. Es un pedazo de vida. Es la razón por la que muchos seres perdidos terminan estudiando cine. Mastroianni es una especie de héroe en blanco y negro, siempre en crisis pero siempre rodeado de cockteles, seres bellos y fiestas. Ocho y medio es el cine haciéndose a sí mismo: el ritmo, los recuerdos, los sueños y la vida.
El espíritu de la colmena, de Víctor Erice
Todo un clásico. Belleza total. El silencio de las niñas. Los misterios de la infancia narrados con poesía. Una historia de Frankenstein convertida en un poema visual. Y, además, está Ana Torrent de niña, mucho antes de Tesis. Es una obra de arte. Una película para mirar más que para entender, para dejar que se quede en la cabeza (y en el cuerpo) mucho después de que termine.
Belleza robada, de Bernardo Bertolucci
Puro Bertolucci. Sensualidad y belleza. Vacaciones extendidas. Deseo que se esconde entre los árboles, el césped y el viento. ¿Por qué los europeos tienen tanto tiempo libre para pensar en el deseo? Liv Tyler transmite algo increíble y la banda sonora se queda en la memoria por mucho tiempo: Glory Box, de Portishead. Bertolucci es tan moderno. Bertolucci es un genio. Bertolucci es como un helado de chocolate en luna llena.

