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Mundo Diners al día

Jorge Anhalzer: “La vida de los ríos de Ecuador es fúnebre”

por Gabriel Flores Flores

La vida de un río
Jorge Anhalzer en una de las escenas del documental 'La vida de un río'.

Jorge Anhalzer es el cronista gráfico de los Andes ecuatorianos. Durante años, a pie o a bordo de su avión ultraligero, ha capturado paisajes que ahora son postales de colección. También es autor de ‘La vida de un río’, un documental que dura 38 minutos. 

Cuando es guagüito lo llaman Mudadero. De más guambra, su nombre es Hualpaloma. En plena adolescencia le dicen Pita y San Pedro. De adulto su nombre es Guayllabamba y de viejo, Esmeraldas. Así va mutando, en distintas partes del país, al río que nace en los humedales del volcán Sincholagua y que Anhalzer sigue hasta el océano Pacífico.  

La idea de hacer un documental sobre la vida de un río estuvo rondando la cabeza de Anhalzer los últimos 15 años. La película se grabó durante siete meses, en salidas esporádicas, y contó con la colaboración de la bióloga Naia Andrade. El momento más triste de la filmación fue cuando se pararon a orillas del río Machángara y olieron su pestilencia. 

Al final de la entrevista que está a punto de leer, Anhalzer confiesa que ni en sus más “perros sueños" imaginó que miles de personas iban a ver el documental que está en YouTube y que hasta la segunda semana de mayo sumaba 39 mil reproducciones. Y añade: "todos somos víctimas de la contaminación de los ríos, pero también sus cómplices". 

Jorge Anhalzer

Empecemos con una perogrullada. ¿Qué es para usted un río? 

Los ríos son las venas y las arterias de la Tierra. Yo me crié en el campo y desde chico vi cómo el agua daba de beber a los campesinos y a los animales. Recuerdo que había peces. 

¿Cuáles fueron los ríos de su infancia? 

Vivía a la vera del San Pedro, en el valle de Machachi. Lo del San Pedro es triste, porque de guagua me lanzaba al río en una boya, de esas rin16 que debes poner la válvula al otro lado para que no se te meta en las costillas; ahora nadie entra al río, porque vaya a darte algo.

Había peladillas, peces nativos, truchas, y hasta pescadores. Y ahora no hay nada... ni los pescadores. Es tristísimo ver cómo algo tan esencial y perdurable, como los ríos, estuvieron tan vivos y dieron de beber a la gente de las comunidades prehispánicas, a los incas, a la gente de la Colonia, a los soldados de Bolívar... seguro hasta Humboldt tomó agua del San Pedro y ahora todo eso solo es un recuerdo.

¿Siente una conexión particular con algún río?

Más que con un río en particular me siento conectado con toda la naturaleza. Este documental cuenta la vida de un río, pero la mayoría, en el país, tiene una existencia similar. No importa si es el Tahuando, Cutuchi, Patate o Pastaza. 

¿Por qué la vida de los ríos en este país se volvió tan corta?

No es corta, es fúnebre. Creemos que cuando botamos cosas a la quebrada desaparecen y se las lleva la corriente. Nos olvidamos que esos ríos riegan un montón de cultivos y esos productos regresan a nosotros en camioncitos y luego los comemos. Por estos días, la Arsa (Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria) está haciendo los “descubrimientos” de plomo en la comida. Cómo no va a haber plomo, si los botaderos están llenos de baterías. 

¿Qué ganaríamos con ríos con una vida más larga o menos fúnebre?

Primerito, ganaríamos salud. No soy médico, pero he hablado con muchos y me han dicho que hacer un examen de orina a un enfermo equivale a hacerle un examen de orina al Machángara. Muchos de los tóxicos que se encuentran en personas enfermas están en en este río. Tenemos que pensar cuántos problemas de salud vienen de la contaminación de los ríos.

jorge anhalzer
Jorge Anhalzer, en una de las salas de la Universidad Andina.

¿Cree que algún día los quiteños puedan volver a disfrutar de sus ríos? 

Eso depende de los quiteños y de sus autoridades. Si los cuencanos pueden, por qué nosotros no, si tenemos la misma nacionalidad. Cualquiera que se haya paseado por el Tomebamba sabe que ahora hasta hay peces. 

¿Qué tiene que suceder para que eso pase?

Tiene que haber voluntad política. Que estemos dispuestos a pagar la factura. Los cuencanos la pagan. El costo del agua potable en Cuenca es más caro que el de Quito, porque la empresa no solo se encarga de cómo llega el agua a la ciudad sino de cómo se va. Aquí somos bien llorones, pero deberíamos pagar; porque a la larga vamos a gastar en doctores, laboratorios, medicinas y, eventualmente, en la funeraria.

¿Qué se puede hacer por los ríos desde la cotidianidad?

Evitar el abuso de germicidas, que es increíble. Queremos desinfectar todo. Te voy a contar una anécdota. Yo trabajo mucho con extranjeros y el otro día llegaron unos europeos a mi casa y querían ir al supermercado a comprar jabón, y a mí me llamó la atención. Habían vivido antes en Ecuador y me decían que el jabón que venden aquí saca toda la grasa de los platos y el que venden en Europa no. Eso es porque aquí ponen ciertos aditamentos que allá son prohibidos, porque son nocivos para la salud. La gente podría usar jabones que contaminen menos, por ejemplo. 

¿Además de ecosistemas más sanos y aguas más limpias, que ganan, en su forma de relacionarse con la naturaleza, las sociedades que preservan la dignidad de sus ríos?

Es de largo económicamente más barato. Los gastos en salud de un ambiente contaminado son enormes. Si un economista hiciera los cálculos de que es más asequible; limpiar el río o no, seguro llegaría con buena estadística a la conclusión que más caro es resolver los problemas de salud pública que la contaminación que generamos. Ese cálculo se hizo en el Hudson, en Nueva York y en los ríos, Senna y Támesis, en Europa.

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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