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Mundo Diners al día

Jennifer Lawrence y el arte del colapso

por Juan Manuel Granja

Mátate, amor
La actriz estadounidense Jennifer Lawrence es la protagonista de la película 'Mátate, amor'.
TIEMPO DE LECTURA 4 MINUTOS

Jennifer Lawrence es la protagonista de 'Mátate, amor', una adaptación libre de la novela de la argentina Ariana Harwicz. Mundo Diners conversó, en exclusiva, con la actriz estadounidense, que encarna un personaje que desafía los roles maternos naturalizados.

En 'Mátate, amor', lo que comienza como una promesa -una pareja que abandona la ciudad para instalarse en una casa heredada en el campo, lejos del ruido- se transforma lentamente en un experimento sobre la psique, la maternidad y la invasión de lo doméstico.

Creo que durante el embarazo una siente todo con más intensidad -como un instinto animal-: más protección, más enfoque, más sensibilidad".

Jennifer Lawrence

La protagonista, Grace, interpretada por Jennifer Lawrence, encarna ese conflicto desde un cuerpo que se mueve hacia el desborde. No hay explicaciones, ni arcos morales, se trata de un registro cambiante de una mujer que siente demasiado y empieza a ser devorada por aquello que va sintiendo. La directora Lynne Ramsay filma desde el silencio. Lo que en otro cineasta sería melodrama, en ella se vuelve respiración intensa.

Ramsay adaptó la novela de la autora argentina Ariana Harwicz, 'Mátate, amor' (2012), para trasladar la acción de la campiña francesa al paisaje árido de la rural Montana. La protagonista acaba de ser madre. Ella se enfrenta a la soledad, al deseo suspendido y a la extraña violencia del amor cotidiano. Su esposo (Robert Pattinson) se convierte en un interlocutor ausente, alguien que respira en otra frecuencia. Lawrence ofrece una de las actuaciones más físicas de su carrera. Su cuerpo parece moverse antes que su conciencia. Hay una potente coreografía en su sufrimiento.

El resultado es una película que no se contenta con observar la locura desde un afuera supuestamente objetivo. Ramsay convierte el hogar en un espacio psíquico y el cuerpo en un instrumento narrativo. Rodada en 35mm, la cinta encierra al espectador dentro de un rectángulo de tensión constante.

Sin horizontes amplios ni respiros panorámicos, la cámara se adentra en habitaciones pequeñas, pasillos que se estrechan, puertas que no conducen a nada. La casa, más que escenario, opera como organismo vivo. El espectador, como Grace, queda atrapado en una dimensión física del desconcierto.

El abismo como estado mental

Esta historia, más que un clímax, busca un descenso. Todo está marcado por el ritmo de la respiración. Lento y errático. El espectador empieza a entender que la película en realidad ocurre en el desborde del cuerpo. Efectivamente, la maternidad, en esta película, es un territorio ambiguo. Lejos de postularse como un idilio de plenitud, se desarrolla como transformación.

Grace se debate entre cuidar y escapar, entre amar y volver a tener un cuerpo que le pertenezca. La filósofa Julia Kristeva escribió que “toda madre lleva en sí una tristeza muda: la nostalgia del cuerpo que fue solo suyo”. En 'Mátate, amor', esa tristeza se encarna en una protagonista que vive entre la ternura y la repulsión, entre el instinto de proteger y el crecimiento de una energía violenta.

En palabras de Lawrence: “Es curioso, porque aunque no sea real, la energía sí lo es. Ese estado casi meditativo en el que uno invoca emociones entre el ‘acción’ y el ‘corte’ se siente auténtico. Pero cuando dicen ‘corte’, nada de eso es real para mí; simplemente me libero, como si soltara todo de golpe, y a veces se siente como una especie de subidón de endorfinas.”

Si 'Mátate, amor' funciona como película, es porque Lawrence no trata de interpretar a Grace, la encarna. Su cuerpo no ilustra la emoción, la provoca. La actriz nos cuenta cómo consiguió hacer que su punto de partida fuera físico:

“Creo que durante el embarazo una siente todo con más intensidad -como un instinto animal-: más protección, más enfoque, más sensibilidad. Yo estaba saliendo del segundo trimestre después de mi embarazo, empezando a sentirme con más energía, y ese estado un poco disminuido nos ayudó a descubrir este movimiento felino, casi como el de un gato. Grace está aislada, en un lugar nuevo, sintiéndose como un animal enjaulado, y a partir de esa sensación comenzamos a expandir y explorar la idea con Lynne”.

Esa “energía animal” atraviesa la película. Ramsay la captura sin filtros, dejándola moverse como si fuera un instinto previo a cualquier decisión. “Lynne y yo no queríamos construir una mujer que se desmorona,” cuenta Lawrence, “sino alguien que se expande, que busca entender su propio caos.”

Jennifer Lawrence: caos y lucidez

Su relación con Robert Pattinson ayudó a sostener esa vulnerabilidad: “Él tenía un recién nacido, yo también. Estábamos en etapas parecidas. Esa complicidad fue esencial para crear confianza; poder olvidarnos de quiénes éramos debajo de los personajes.” Ramsay, por su parte, le otorgó libertad total a la actriz. Lawrence la describe como “una poeta que deja que las preguntas respiren… No quería a nadie más dirigiendo esta historia,” añadió. “Lynne no explica; observa. Te deja equivocarte, tropezar, descubrir. Eso te obliga a ser honesta.”

El resultado es una actuación contenida y feroz a la vez. Grace no llora para pedir compasión ni grita para liberar dolor; simplemente se queda quieta, y en esa quietud late su propia sombra.

'Mátate, amor' no explica el colapso emocional. Grace se transforma en alguien que ya no necesita fingir normalidad. Dentro de la tradición psicoanalítica, Melanie Klein escribió que “amar profundamente implica también desear destruir.” Esa ambigüedad es el centro del personaje y la clave del trabajo de Lawrence: una actuación donde el amor no se opone al dolor.

La actriz, comparando este papel con el de Mother!, del director Darren Aronofsky, lo sintetizó así: “La Grace de Mother, pues las dos se llaman así, era frágil y suave. Esta Grace es otra cosa: es feroz, inquebrantable. No pide perdón por sentir demasiado.” Su Grace es menos mártir que animal herido. No busca aprobación y se mueve en un terreno de contradicciones, donde la compasión y la furia no se encuentran químicamente separadas.

Al final, Grace se queda en silencio. No hay redención ni tragedia. 'Mátate, amor' no pretende explicar la maternidad ni diagnosticar la locura. Su fuerza está en lo que deja suspendido. Cuando el filme termina, Grace no se redime, tampoco se condena, más bien nos lanza una pregunta: ¿cuánto de lo que llamamos amor es solo una forma sofisticada de sobrevivir al miedo? Y ahí queda Jennifer Lawrence, suspendida entre la actriz y el personaje, entre la contención y el abismo, recordándonos con su actuación que amar puede ser otra de las maneras de perder el control.

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Acerca de Juan Manuel Granja

Ha publicado trabajos de ficción, crónica y ensayo. Su libro Babel en ascensor y otras crónicas fue publicado en México por la UNAM; otros textos suyos forman parte de antologías en Colombia y Chile.
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