
No vayan a ver 'Emilia Pérez'. Es más, no lean este texto. La vida es corta y hay demasiado buen cine en el mundo para perder el tiempo. Premio del jurado en Cannes, la más nominada a los Oscar, todo puede ser. Pero créanme es mala, mala, mala.
Primero lo primero. Sí, claro, cine no es “lo real” es representación, es relato. Un profesor decía que toda ficción es documental, porque refleja el espíritu de la época en la que fue producida, y todo documental implica cierta “ficción”, porque no existe el registro neutro del mundo, siempre expresa la mirada y las decisiones de un autor. Pero 'Emilia Pérez' no merece entrar en esas profundidades.
Basta con recordar que el musical es tan antiguo como el sonido en el cine. Apenas se logró sincronizarlo empezaron a producirse películas como 'El cantor de Jazz', en EE.UU. o 'Tango', en Argentina. Este fascinante género donde la gente de pronto se pone a cantar y a bailar ha dado de todo y en todas latitudes: las épicas de la india, el Broadway llevado al cine, Woody Allen y sus comedias románticas, Tim Burton gore, Lars von Trier modo tragedia.
Tampoco es que solo un mexicano puede hacer películas sobre México, o que a Jacques Audiard, el director de 'Emilia Pérez', habría que mandarlo a rodar las miserias de su propio país y no de uno que solo conoce “por encima”.
El cine es arte y el arte es libre, si no, no existiera esa maravilla que es el espagueti western o el chorizo western, versiones del viejo oeste de Estados Unidos producidas en Europa por grandes directores italianos y españoles. Hace unos años, el cineasta argentino Raúl Perrone hizo una fabulosa película de samurais en el barrio bonaerense de Ituzaingó, de donde casi nunca sale.
Sin tetas no hay paraíso
'Emilia Pérez' es un “narcomusical” y una de las peores películas que he visto. Voy a hacerla corta porque seguramente ya vieron todos los memes de las protagonistas hablando y cantando cosas que nadie entiende y a cualquiera que hable español le causan verguenza ajena y risa.
El guion es malo. Rocambolesco y malo. Zoe Saldaña es Rita, una abogada corrupta, capaz de salvarle el cuello a un femicida en los primeros minutos del filme. No sabemos por qué, ni mucho más de ella, pero se insinúa que es por “prieta”. El caso es que por dinero acepta a ayudar a un capo de la droga llamado Manitas del Monte a convertirse en mujer trans. En su primer encuentro ella le explica que se trata de un proceso que toma tiempo y el narco en respuesta se abre la camisa y le enseña sus pechos. Ella mira sorprendida. Lleva 2 años con hormonas.
Selena Gomez es la esposa de Manitas, pero no se ha dado cuenta de que su marido tiene senos, no sospecha de nada, y esto es muy ridículo. A veces habla en inglés, a veces en un castellano espantoso, y cuando canta queda claro que no entiende lo que significa. La actriz se ha disculpado, dice que hizo lo mejor que pudo con el tiempo que le dieron. Pero esta es una película que costó millones ¿No se pudo contratar a un coach y/o a un compositor de habla española que corrija las traducciones (la compositora es francesa y las letras parecen salidas de Google Translator).
Cuando Manitas, malo de malos, se transforma en Emilia Peréz, se convierte en buena gente, y arma una fundación de lo más progre para encontrar desaparecidos. Con justa razón familiares de verdaderas víctimas de la violencia en México han puesto el grito en el cielo frente a lo que consideran una forma liviana y cruel de tratar el tema.
Es de tamarindo pero sabe a limón

El casting es de terror, solo hay una mexicana en un papel secundario. Lo peor es que la directora de casting aseguró haber hecho audiciones en “toda Latinoamérica” y no haber encontrado nada mejor que el elenco de esta película.
'Emilia Pérez' sí es interpretada por una actriz trans, Carla Sofía Gascón, pero es española. Y estaba bravísima con las criticas: “Quiero dar las gracias a todo México y a los mexicanos, sé perfectamente que todo este odio injustificado no parte de ustedes, simplemente son cuatro gatos con muchos y variados intereses de por medio. Es más, la prueba la van a tener el día del estreno con las salas llenas y el público amando a Emilia Pérez”, dijo antes de que se estrene en México, uno de los últimos países en llegar a las salas, donde ha sido un terrible fracaso. Hasta se han formado filas de gente pidiendo la devolución de su entrada.
Estimado lector, si llegó hasta acá permítanme recomendarles algo que sí vale la pena ver. Resulta que “cuatro gatos” jóvenes y mexicanos creadores de contenido filmaron en tiempo récord un hilarante cortometraje para mostrar cómo se vería una película sobre los franceses realizada a punta de prejuicios sobre un país sus habitantes y problemas: Se llama Johanne Sacreblu, el musical, y está en Youtube.
Como toda ficción es documental, el “crimen” del narcomusical 'Emilia Peréz' es que no solo pasará a la historia como una mala película francesa dirigida a un público gringo. Si no que formará parte, intencional o no, del terrible relato que Trump y sus secuaces nazis han construido sobre nuestra América: que mexicanos y latinoamericanos somos una plaga que hay que cazar. Por esto y más no vayan a ver 'Emilia Pérez'.

