
Los Warren, Ed y Lorraine, se han convertido en una de los matrimonios más famosos del cine de terror. Ellos son los protagonistas de 'El Conjuro 4: Los últimos ritos'. Mundo Diners le cuenta los detalles de la nueva película del 'warrenverso'.
'El Conjuro 4' ha sido vendida como el cierre oficial de esta saga, en la que veremos por última vez a Patrick Wilson y Vera Farmiga interpretar a Ed y Lorraine Warren, una pareja de parapsicólogos e investigadores que se hizo famosa en Estados Unidos, a mediados de los años 70, por su trabajo y por su museo de objetos demoníacos.
Desde su primera aparición en el cine, en 2013, las historias de estos expertos en lo paranormal se han ido alejando cada vez más de sus referentes reales, a pesar de que uno de sus mayores atractivos ha sido su supuesta verosimilitud con lo ocurrido.
Los Warren, en esta última película, se dejan ver más vulnerables, intentando dejar atrás los años de cacería de fantasmas y buscando priorizar la vida familiar. Será su hija Judy quien los obligue a enfrentarse por última vez a las fuerzas malignas que acosan a una familia de Pensilvania.
En sus más de 2 horas de duración, la cinta repite todos los tópicos y fórmulas expuestas en sus antecesoras: casas embrujadas y posesiones sobrenaturales a través de objetos cotidianos, aparentemente inofensivos. Esta repetición desmesurada hace que el resultado sea narrativamente insípido y, por momentos, bastante edulcorado, en su intención de crear un melodrama que sostenga el conflicto.
El warrenverso
Las dos historias familiares, la de los Warren y la de los Smurl, se desarrollan de manera paralela en la primera parte del metraje. La parsimonia con la que la narrativa avanza se contrapone a los momentos más potentes, en las que el susto entra en escena. En este aspecto, este último capítulo de la saga saca pecho de la destreza que ha construido a lo largo de estos años.
En estas películas, lo más importante siempre ha sido la precisión de una serie de momentos diseñados al milímetro, jugando con lo que se esconde en la oscuridad, los primeros planos de sus grotescas criaturas y el manejo sonoro necesario para crear una atmósfera de tensión capaz de generar escalofríos en una audiencia dispuesta a la experiencia.
Y es justamente esto lo que ha hecho que 'El Conjuro' funcione como un espectáculo de entretenimiento. Uno en el que, en tiempos de streaming, es capaz de convocar a cientos de personas a una sala de cine, porque el susto no es el mismo si uno lo mira desde casa.
Un espectáculo que, como las fantasmagorías del siglo XIX, se sostiene en una serie de trucos bien ejecutados cuyo objetivo es lograr esa reacción primaria por parte del público, que los haga aplaudir al final. El susto genérico como excusa para entretener.
El supuesto fin de esta saga de películas no significará el fin de un universo cinematográfico que tiene todavía muchos demonios de los que echar mano. Hasta el momento, el warrenverso no ha aportado nada nuevo al género, a diferencia de otras películas estrenadas en los últimos años, con propuestas más ambiciosas.
¿Chiste o susto?
¿Quién no recuerda esas bromas que uno hacía de niño, en las que un simple “booo!” podía provocar muchas risas o sobresaltos? Ese aspecto tan primario del susto es lo que lo convierte en la contraparte perfecta del chiste. De su correcta ejecución depende el nivel y tipo de reacción que provoca.
En el cine, el jumpscare ha sido utilizado, desde las primeras películas de terror, como la base para la construcción del género, más allá de las decisiones creativas y narrativas que dan como resultado clásicos del cine o bodrios olvidables.
Después del éxito de los slashers ochenteros y noventeros, como 'Viernes 13' o 'Scream', en los que se explotó hasta el cansancio la figura de los asesinos seriales, y pasando por el éxito del cine gore a inicios de los 2000 con la saga 'Saw', las últimas décadas nos han traído el renacer del terror sobrenatural, cuyo mayor referente es 'El Exorcista', y en el que lo macabro y demoníaco juega como la carta principal para atraer a un público cuyo morbo por lo oculto ha sido configurado a base de cuentos, programas sensacionalistas y series de televisión.
Es justo este público el que ha hecho de 'El Conjuro', y todas sus películas anexas, una de las franquicias más exitosas de los últimos tiempos. El warrenverso es el universo cinematográfico en el que habitan algunas de las figuras más icónicas de la cultura popular actual, como Annabelle o La Monja.
Dicha iconicidad viene, en gran medida, del sinnúmero de parodias que se han hecho de estos personajes, acrecentando su impacto e incidiendo directamente en los resultados de taquilla.
'El Conjuro' ha sido un lugar común en el cine de terror. Quizás un buen homenaje a la forma en la que se hacían estas películas antes. Al igual que sucedió con los monstruos de Universal (La momia, Drácula, Frankenstein), solo el público decidirá cuándo ponerle fin a estas historias, el momento en que el susto deje de funcionar y lo macabro produzca más risas que sobresaltos.

