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Mundo Diners al día

Cinco curiosidades sobre ‘El brutalista’

por Gabriel Flores Flores

El Brutalista
El actor Adrien Brody, en una escena de 'El brutalista'.
TIEMPO DE LECTURA 3 MINUTOS

Con Oscar o sin Oscar, ‘El brutalista’ es un peliculón. No solo por el guion, escrito por Brady Corbet y Mona Fastvold o, por la actuación de Adrien Brody. La cinta está llena de un montón de sutilezas que, sin duda, la  llevarán a convertirse en poco tiempo en un clásico. 

1. Intermedio 

‘El brutalista’ comienza con un pequeño anuncio, tres líneas en las que se informa que habrá un intermedio. Y, efectivamente, a la mitad de la película, que en total dura 3 horas y 35 minutos, la proyección se detiene y las luces de la sala se encienden. Son 15 minutos para hacer lo que uno quiera: estirar las piernas, ir al baño o comprar un café.

En la pantalla de la sala hay una foto en blanco y negro de la boda de Lászlo y Erzsébet Tóth, el arquitecto y la periodista que protagonizan esta historia. En la parte superior de esta imagen, un reloj marca el tiempo que falta para que se termine el intermedio, de fondo se escucha una pieza musical del pianista británico John Tilbury. 

Aunque nos parezca una rareza, los intermedios en las salas de cine fueron habituales hasta mediados de los años 60 y tenían fines prácticos más que narrativos. En tiempos de maratones televisivas, la pausa del ‘El brutalista’ aparece como un guiño que intenta interpelar al consumo rápido y feroz que hacemos de cualquier producto cultural. 

el brutalista
Foto de la boda de Lászlo y Erzsébet Tóth.

2. VistaVision

La película fue filmada en un formato que llevaba más de 60 años sin usarse, el VistaVision, creado por Paramount Pictures. Lol Crawley, director de fotografía, y Brady Corbet, uno de los guionistas y director, lo eligieron por dos razones. Una de ellas es que fue un formato popular en las décadas de los 50 y 60; años en los que transcurre buena parte de la historia de la vida de Lázlo Tóth.

La otra razón es que este formato brinda al espectador un campo de visión más amplio y nítido. En el caso de ‘El brutalista’ eso permite que los edificios y los paisajes -el de Carrara, en Italia, es simplemente conmovedor- se vean en toda su magnitud y sin ninguna distorsión. Incluso las escenas grabadas en interiores, donde hombres y mujeres se aman y se odian, se sienten gigantes, monumentales.

3. Banda sonora 

La banda sonora de ‘El brutalista’ tiene la firma del músico y compositor londinense Daniel Blumberg, quien ya trabajó con Corbet en la cinta ‘La infancia de un líder’ (2015). Para su nuevo proyecto recorrió varios países de Europa con un equipo portátil, con el que grababa a músicos en entornos poco convencionales. 

John Tilbury, por ejemplo, lo hizo en la cocina de su casa mientras llovía. Cuando Blumberg estuvo en Carrara capturó cientos de sonidos ambientales que luego los mezcló con la interpretación de un saxofonista que grabó en Inglaterra. En varios temas incorporó sonidos inusuales, como la respiración de personas o el crujir de sillas. 

4. El brutalismo 

Uno de los debates más acalorados alrededor de la película tiene como protagonista al brutalismo, un movimiento arquitectónico que nació en Reino Unido, después de la Segunda Guerra Mundial. Se caracterizó por dar prioridad a la funcionalidad y eficiencia de los edificios antes que a detalles estéticos y por el uso del hormigón. 

En ‘Ciudad brutalista. Quito: 1960-1980’, el académico quiteño Pablo Dávalos sostiene que los artífices del brutalismo en la capital fueron Oswaldo de la Torre, Milton Barragán y Ovidio Wappenstein y destaca algunas de sus creaciones, edificios que de seguro ha visto, como el de Ciespal, el Tempo de la Patria o el Templo Nacional de La Dolorosa.

5. El lado B del sueño americano 

La estatua de La Libertad es uno de los fetiches de Hollywood. La hemos visto de colores, en llamas, congelada, destruida por los Avangers, llena de gente, vacía o en la orilla de una playa frente a la mirada atónita de Charlton Heston; pero de cabeza, como aparece en una de las primeras escenas de ‘El brutalista’, no. 

Ese gesto, que puede parecer casual, es el prólogo de una historia en la que el sueño americano es un vía crucis lleno de soledad, frustración, discriminación, abusos y pocos, muy pocos momentos de felicidad. Algo que aplica para la época en la que está ambientada la película y también para la tercera década del siglo XXI.

En Europa, Lázlo Tóth era un arquitecto de prestigio, sus creaciones aparecían en portadas de periódicos y revistas; pero que en Estados Unidos, Lázlo es solo una especie de fantasma que malvive en medio de hombres con dinero y poder, estadounidenses de ‘verdad’ para los que él solo existe cuando pueden sacarle algún provecho. 

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