Pedro Almodóvar, el más famoso de los directores del cine español, ha llegado a la cúspide. El año pasado fue el ganador sin atenuantes del Festival de Venecia, con La habitación de al lado, su primera película en inglés. Pero el camino a ese reconocimiento mundial ha sido lento y su cine ha ido, poco a poco, transformándose.
Hijo del destape
Había acabado el franquismo, donde todo estaba prohibido. Había llegado la democracia. Una explosión de libertad, conocida como el destape. Fue una revolución cultural y sexual, un desahogo de décadas de silencio que se expresó en mil formas. Una de ellas fue el cine de Almodóvar, quien había llegado de La Mancha y se convirtió en un ícono de la “movida madrileña”.
Sus primeras películas —sobre todo Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, Laberinto de pasiones y La ley del deseo— introducían las claves de su universo: melodramas que presentan personajes homosexuales del proletariado urbano, un humor irreverente en contra de la Iglesia y los valores franquistas, y un apego a la contracultura española que él mismo estaba forjando.
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