
*Opinión
“El cine animado es el primer género que nos gusta a todos” decía el director argentino Juan José Campanella antes de estrenar su Metegol (2013), una de las películas más vistas de América Latina. Tiene razón pues antes de que se inventara el cine hubo decenas de intentos: la cámara oscura, la linterna mágica, el juego de las sombras y tantas otras formas de animación visual.
Walt Disney creó, en 1937, Blanca Nieves y los siete enanitos, primer largometraje animado de su estudio. Fue tal el éxito del cine de Disney que, hacia 1940, tenía a 800 empleados trabajando en las muchas películas producidas cada año. En la época de los grandes cines, era muy común ver cortometrajes de dibujitos antes de la película de cartel.
Los dibujitos y la Academia
Las películas animadas llegaron tarde a los premios Oscar. La categoría de mejor largometraje animado fue introducida apenas en 2001. Shrek, la historia de un ogro simpático en un mundo de personajes de cuentos de hadas, fue el primer ganador y tenía una cualidad particular: apelaba tanto a niños como a adultos. Recuerdo haberla visto no menos de diez veces en el cine –presionado por mi hijo– y cada vez me admiraba más la cantidad de adultos que estaban en la sala.
Shrek tuvo otro mérito: perfeccionar la animación digital –cosa que sería la norma de ahí en más– combinando gráficos por computadora con acción en vivo, para aplicar un movimiento humano realista.
Pero ha sido Pixar –un estudio subsidiario de Disney– el que ha logrado la mayor cantidad de galardones, 11 en total. Son inolvidables cintas como “Los increíbles” (2004) o “Wall-E” (2008), pero queda sobre todo en la retina “Up” (2009), la historia del improbable –como todas las cosas de la animación– viaje de un octogenario a la selva sudamericana, acompañado de un pequeño vecino.
No menos inolvidable resultó el Oscar al fundador del legendario Estudio Ghibli de Japón, Hayao Miyazaki por “El viaje de Chihiro” (2002). Este año, la ganadora resultó Flow, un film de nacionalidad letona sobre un mundo sin humanos y sin palabras, habitado únicamente por animales, que deben zanjar sus diferencias para poder sobrevivir una gran inundación.
Los dibujitos en América Latina
Sorprendente ha sido el progreso de los filmes latinoamericanos de animación, no solo en las taquillas, sino también a nivel de los premios Oscar. En la historia reciente, un puñado de películas latinoamericanas han recorrido memorables caminos en las salas de nuestros países, como Anina (2008) del uruguayo Alfredo Soderguit y La casa lobo (2018), una obra maestra de los chilenos León y Cociña.
Y en el 2015, el film chileno Historia de un Oso dirigido por Gabriel Osorio ganó el Oscar al mejor cortometraje de animación. La pequeña película en animación 3D hace una metáfora de la persecución a los artistas y obreros durante la época de la dictadura de Pinochet. La pueden ver en Youtube.

