No es un fenómeno reciente, ocurrE desde hace un tiempo: las películas en los grandes cines de los centros comerciales son, en enorme número, repeticiones nuevas de películas del pasado. Casi nada nuevo es original. Las franquicias se repiten en una secuencia infinita. Los productores han dejado de proponer material original y, siempre, la seguridad financiera triunfará sobre la originalidad artística.
Pero las películas de superhéroes —enclave muy fuerte de esa seguridad financiera— están haciendo agua. La mayoría han resultado, en los últimos meses, tremendos fracasos en la taquilla. ¿Entró —ahora sí— Hollywood en crisis?
Las salas se han equipado con butacas movedizas, equipos de sonido aptos para los decibeles más potentes e incluso olores que ponen al espectador en onda. Todo esto para distinguirse de su principal enemigo: las plataformas de video por demanda, como Netflix o Prime. Únicamente en el cine se puede no solo ver, sino sentir las enormes producciones de superhéroes.
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