Quien haga un breve —y doloroso— recorrido por las plataformas audiovisuales de mayor llegada: Netflix, Apple+, Disney, Amazon, se percatará de que no hay películas ecuatorianas allí. Hay colombianas, argentinas, venezolanas, peruanas, centroamericanas… pero no ecuatorianas, con una excepción: Dedicada a mi ex, en Netflix, producida por los realizadores de Enchufe.tv.
Al parecer, al mundo no le interesa lo que el cine ecuatoriano tenga que decir. En las selecciones oficiales de los grandes festivales las películas ecuatorianas han estado ausentes —excepto Ratas, ratones, rateros y Crónicas, ambas de Sebastián Cordero, en Venecia y Cannes, hace más de veinte años—. En los Premios Óscar, nunca una película ecuatoriana ha sido nominada para el rubro de mejor película internacional.
Puertas adentro, tampoco
Los reportes de taquilla de las películas que se han estrenado en los cines ecuatorianos en 2024 son tristes. Ninguna pasa de los veinte mil espectadores, lejísimos de La Tigra, Qué tan lejos y la ya mentada Dedicada a mi ex, que superaron los trescientos mil espectadores. ¿A qué se debe tanta distancia entre los cineastas y el público?
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