
En la mitología andina, chuzalongo es una especie de duende o gnomo que habita en los bosques, en las alturas de los páramos, en la profundidad de los ojos de agua o de las quebradas solitarias. También es el nombre de la película dirigida por el ecuatoriano Diego Ortuño.
La trama va más o menos así: a finales del siglo XIX, en una hacienda, a dos horas a caballo de la ciudad más cercana, un intenso verano ha secado los sembríos. Don Alfonso vive bien, pero impone con mano dura altos tributos de maíz a los indígenas que habitan y labran sus tierras; hombres y mujeres que apenas tienen para comer.
Por su parte, el Padre Nicanor hace lo que puede mientras se prepara para el inminente triunfo de la Revolución Liberal. Pero antes enfrentará otra lucha, una interna, cuando encuentra en el bosque a un niño aparentemente abandonado, cuya hambre no logra calmar con pan. Es el chuzalongo, parece tierno y encantador pero el hambre lo descontrola.
¿Quién puede matar a un niño?
El chuzalongo es a la Sierra lo que Tintín es a la Costa: especie de duende gnomo, que muchos suelen describir como un adulto de pene enorme o como un niño con un gran cordón umbilical que cuelga de su cuerpo. Ataca y mata a las mujeres, y a veces, las embaraza.
En este personaje se inspira la película homónima dirigida por Diego Ortuño, filme de época, con una destacada dirección artística y un vestuario minucioso que se convierte en un personaje más. La fotografía registra paisajes naturales que por momentos provocan la sensación de lo sublime (ese miedo que algunos llaman cósmico), y simula bellamente la iluminación de velas y lámparas de querosene.
Chuzalongo también es un filme donde se puede sentir ecos de Let The Right One In, por el niño vampiro en un baúl, y algo de los Dráculas de la Hammer Films Productions, donde el más fiel servidor del monstruo encarcelado se alimenta de insectos.
Respecto a las escenas de horror, Ortuño muestra lo que cree necesario e impactante y deja el resto a la imaginación, al fuera de campo. Su código narrativo es el gore, a través de él consigue una película de imágenes (aún las mentales) realmente perturbadoras que expanden el mito, que queda resonando después de la función.

Gótico latinoamericano
En 1980 los colombianos Carlos Mayolo y Luis Ospina del grupo Caliwood, ‘inventaron’ el gótico tropical: una estética fantástica para criticar las relaciones de dominación coloniales y poscoloniales con películas como Pura Sangre.
En Migration and Politics of Monstars in Latin America (2018), Gabriel Eljaiek-Rodríguez habla de cierto tipo de filmes latinoamericanos de horror que representan la idea del continente americano como un espacio de otredad radical o monstruosidad.
Los directores de estas películas suelen usar la monstruosidad como una forma de reescritura histórica de las experiencias latinoamericanas. En ese sentido Chuzalongo, se puede comparar con otras películas latinoamericanas recientes como la guatemalteca La llorona, la chilena El Conde o la argentina Eva no duerme.

El director
Diego Ortuño (Quito, 1978). Estudió cine en la Universidad San Francisco de Quito, dirección de fotografía en la EICTV de Cuba y un máster en Documental de la ESCAC en Barcelona, España. En su trabajo como director se destaca el cortometraje Huaca que recibió premios a nivel nacional e internacional.
Antes de su estreno en Ecuador, Chuzalongo recibió el premio al Mejor largometraje Iberoamericano en el Macabro, el festival de cine de género más importante y antiguo de Ciudad de México. El filme también fue designado para representar a Ecuador en los Premios Goya.
¿Cómo surgió la idea de hacer Chuzalongo?
Durante mi niñez compartí muchos momentos con la familia de mi madre que es originaria de la provincia de Carchi. En el campo, la oscuridad de la noche parecía envolverme y la sensación de aislamiento hacía que las historias de terror que se contaban adquieran un realismo superado solo por el miedo.
Ecuador tiene una gran riqueza narrativa alrededor de leyendas de terror que se han transmitido oralmente durante siglos y he descubierto que llevo dentro esas historias, esas sensaciones, y la necesidad de transmitirlas, aprender más sobre ellas y mostrar mi punto de vista.
Esta historia se convirtió, a través del miedo, en una advertencia para las mujeres campesinas: “no vayan solas al bosque”, “no confíen en los blancos”. Es una leyenda que se ha construido sobre las dinámicas de relaciones sociales de una época.
¿Qué piensas del llamado cine gótico latinoamericano que utiliza lo sobrenatural y el pasado para hablar del presente?
Cada vez las películas de terror, suspenso, e incluso ciencia ficción en Latinoamérica están siendo más visibilizadas. Creo que los espacios que se han abierto para exponer cine de género han motivado a su producción, pero además a tener un público que está pendiente de ellas y a que se les tome con más seriedad.
Definitivamente la política es monstruosa y creo que por eso nuestro cine de terror termina utilizando estos “monstruos” reales para llevarlos al cine con mucha fuerza.

