
La historia del actor Adrien Brody, que de nuevo brilla en la gran pantalla gracias a su protagónico en ‘El Brutalista’, es fruto de una historia de migrantes que llegaron a Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.
Cuenta Adrien Brody que en una de sus últimas películas, uno de los miembros del equipo de maquillaje, que ignoraba su carrera de actor, elogió la “prótesis” que le habían construido para su nariz. Paciente, como suele ser el experimentado actor de 51 años, le aclaró que era su marca de nacimiento. La anécdota pudiera reflejar a una suerte de antihéroe en la industria del cine.
Más allá de su apariencia, Brody hijo de una inmigrante húngara y de un padre de ascendencia polaca, no encaja en el molde de los personajes que suelen desfilar por las alfombras rojas de Hollywood. Él mismo ha señalado que llegar a la meca del entretenimiento se dio de una manera casual, cuasi épica: es producto de la supervivencia.
Su madre, Sylvia Plachy, vio de niña cómo su familia se partía en medio de la ocupación brutal de la Alemania nazi en su natal Budapest, en medio de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). La abuela del lado materno de Brody, judía, huyó, pero la niña y su progenitor, un aristócrata local, resistieron hasta la ocupación de la Unión Soviética, país que invadió Hungría tras imponerse en el conflicto planetario. Partieron a Nueva York una vez que fracasó la Revolución Húngara en contra de la potencia socialista, en 1956.
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De Queens para el mundo
Sylvia, la madre, se radicó en la Gran Manzana. Logró desarrollar una exitosa carrera de fotógrafa, cuyos retratos llegaron a aparecer en el New York Times. Se casó con el pintor, profesor de escuela pública e hijo de polacos Elliot Brody. El joven Adrien, que nació en abril de 1973, tenía la vena artística.
Formado en escuelas del estado (aún recuerda con cariño a la Número 145 Joseph Pulitzer) y al mismo tiempo en academias de actuación, forjó una personalidad a prueba del glamour, en el popular barrio de Woodhaven, Queens. Sus padres lo motivaron como una manera de alejarlo del entorno de barrio. Saltó a la gran pantalla en la década de los noventa.
Su papel más reconocido hasta antes de su explosión se dio en el drama bélico 'La delgada línea roja' (1998), de Terrence Malick. Sin ser ampliamente conocido, se presentó para el casting de una película del afamado director Roman Polansky, la opera prima 'El pianista'. Se encerró en su departamento, aprendió a tocar las obras de Chopin y perdió casi 30 kilos antes de encarnar a un personaje inolvidable de la historia del cine: Wladislaw Szpilman.

Se convirtió en el hombre más joven en ganar un premio Oscar en el 2002, a los 29 años, pero su carrera no devino en una ruta de divo, porque, según ha dicho en distintas entrevistas, buscaba el guion que se acomodara para él, como un guante. De ahí que sus siguientes películas no necesariamente han buscado popularidad. Es recordada sus interpretación como Salvador Dalí en 'Medianoche en París' de Woody Allen; también hizo del torero Manolete en una película que no tuvo demasiado éxito.
Hasta antes de su nueva consagración en 'El Brutalista', que parte como favorita para los Oscar de este año luego de acaparar premios internacionales, Brody quiso encarnar los personajes de ficción del Guasón y de Spok en cine y en televisión, pero la industria del entretenimiento le dijo no.
Blindado ante la fama
El entorno más íntimo de Brody es hermético. No ha optado por conformar una familia tradicional ni se le conocen hijos. Fue pareja de la actriz española Elsa Pataky. Actualmente está vinculado con la diseñadora de modas Georgina Chapman, en toda una declaración de principios. Ella fue esposa del depredador sexual Harvey Wenstein; con él tuvo dos hijos y ella tiene la custodia. En la premiación de los Globos de Oro, que Adrien ganó como mejor actor, le dedicó su performance.
A esa gala acudieron sus octogenarios padres, Elliot y Sylvia, a quienes conmemoró al igual que a sus antepasados que escaparon de la barbarie. Dijo que hubo un tiempo en el que pensaba que nunca más volvería a pasar por estos momentos, como los que sucedieron a 'El Pianista'. "Mi historia está muy relacionada con el viaje de mi mamá, de mi abuelo. No creo que hasta ahora haya podido reflejar todo su sacrificio; espero que mi trabajo pueda en alguna medida contar ese valor extraordinario”, dijo sollozante.
Más allá del cine ha sido pintor aficionado y piloto ocasional. Involucrado desde hace una década en proyectos de caridad con niños desamparados. En los últimos tiempos ha confesado su tendencia al diseño en distintas modalidades, tanto que llegó a crear un esmoquin con una firma internacional y dirigió la remodelación de su vivienda.
Brody llegó a celebrar fiestas estridentes luego de que ganó el Óscar, pero con los años trató de guardar un perfil bajo. Su decisión de trabajar en proyectos independientes responde a ello. “La fama no es lo que te pintan, sino, al menos en mi caso, se reduce a recibir cariño de desconocidos”. Se trata de una marca de agua, como admite el director Brady Corbet, responsable de su último éxito. “Es como un (Gregory) Peck o un (Robert) De Niro de sus inicios. No pertenece a este tiempo”.

