
A sus 57 años, Nicole Kidman regresa con una de las mejores actuaciones de su carrera. Romy Mathis, la empresaria que interpreta en la nueva cinta ‘Babygirl’, es un personaje que seguramente recordará durante mucho tiempo. ¿Quiere saber por qué?
‘Babygirl’
Nada nuevo bajo el sol. La trama de ‘Babygirl’ se resume fácil: chico conoce a chica y luego chico y chica viven un romance. Lo complejo es que chico y chica trabajan en la misma empresa y que él (Samuel) es un joven pasante y que ella (Romy) es una de las directoras; además, chico es soltero y chica tiene esposo y dos hijas.
Pero ahí no acaba la cosa. Cuando chico y chica tienen encuentros sexuales, ella asume -porque así lo quiere- un rol de sumisión total y él, el papel de amo. Mientras dura -ya sabemos que nada es eterno- se hace lo que Samuel dice... o simplemente no se hace. Y eso a Romy la hace feliz o es lo que Nicole Kidman nos hace creer.
Antes de que se ‘haga la película’, tengo que contarle que ‘Babygirl’ tiene muchas escenas eróticas, pero no es ‘Nueve semanas y media’. Si lo pensamos con calma, es mejor que sea así; porque lo que Kim Basinger y Mickey Rourke hicieron en 1986, y que encandiló a toda una generación, no merece pastiches.
Con este tema aclarado, tengo que decirle que el foco en ‘Babygirl’ está en dos partes: en las complejidades del goce sexual femenino y en las relaciones de poder. ¿Fuera de las habitaciones de hotel en las que ocurren sus encuentros, Samuel tiene algún control real sobre Romy? Solo le adelanto que, como en la vida, ningún rol es estático.
Nicole Kidman
Uno de los personajes femeninos de Hollywood que siempre recuerdo es el de Grace Stewart, la madre abnegada de ‘The Others’, interpretada por Nicole Kidman. En este filme de 2001, la australiana demostró que no solo podía sobresalir en películas de acción o comedias románticas sino también en cintas se suspenso.
Tanto así, que un año después interpretó a Virginia Wolf en ‘The Hours’ y ganó un Oscar, el único de su carrera. Quizás eso cambie en la edición de 2025; porque siendo sincero, el guion escrito por Halina Reijn pone sobre la mesa temas actuales y diálogos necesarios, pero la historia se sostiene por la actuación de Kidman.

Kidman, interpretando a Romy Mathis, no solo deja ver el cuerpo de una mujer -que va camino a los 60 años- y que después de 19 años de matrimonio no ha tenido un solo orgasmo con su marido, sino que desnuda las inseguridades, los traumas y las necesidades de una empresaria a la que el mundo le dijo que no podía fallar.
Si hacemos las sumas y las restas, los papás de Romy son de la generación que vivió el ‘boom’ de la libertad sexual en Estados Unidos -sobre este tema recomiendo leer ‘La mujer de tu prójimo’, de Gay Talese-; ¿pero qué tan libres sexualmente lograron ser sus hijos o los hijos de sus hijos? El personaje de Kidman más que respuestas deja muchas preguntas sueltas sobre este asunto.
Harris Dickinson
Un año antes de que Harris Dickinson (Samuel) naciera, Nicole Kidman ya era una estrella de Hollywood. En aquel ya lejano 1995 interpretó a la doctora Chase Meridian, en la malograda ‘Batman Forever’. El dato sirve para poner en contexto la distancia generacional que existe entre la actriz y su coprotagonista en ‘Babygirl’.
En esta cinta, Dickinson -cuyo primer papel importante llegó en 2016, como Frankie en ‘Beach Rats’, logra dar vida a un personaje que al inicio se muestra rudo, hermético y en plan “no me importa que usted sea mayor que yo…”, pero que a lo largo de la historia, no es que se vuelva cursi, solo expone sus inseguridades.
En una escena, luego de uno de sus acalorados encuentros sexuales, Samuel y Romy están tendidos en la cama y él le suelta una confesión: “a veces tengo miedo de mí mismo”, acto seguido, le pide a ella que lo abrace. Entonces, hay un silencio que permite que la frase del joven pasante quede sonando en nuestra cabeza.
Para ese momento, chico y chica ya saben que su relación pasó los límites de la cama en la que disfrutan de sus cuerpos, y que poco a poco se está colando en la vida de las personas que están a su alrededor. Lo último que les contaré es que sí, la bomba estalla, pero que incluso en medio de la explosión hay destellos de erotismo.

