
El documental ‘Apocalipsis en los Trópicos’, de Petra Costa, intenta explicar uno de los fenómenos sociales más multitudinarios de Brasil; la directora cuenta cómo los grupos evangélicos se han convertido en una fuerza determinante en las elecciones brasileñas.
El millonario pastor y teleevangelista Silas Malafaia es conocido como uno de los mentores y el guía espiritual del expresidente brasileño Jair Bolsonaro. En las últimas elecciones de la potencia sudamericana (2022) le preguntaron acerca de porqué creía que el exmilitar debía ser reelegido, el religioso contestó sin titubear: "es el escogido por Dios".
La afirmación de Malafaia adquiere relevancia si se toma en cuenta lo que han llegado a significar los cristianos evangélicos en Brasil: alrededor del 30 por ciento de una población de 212 millones de habitantes. Un segmento de los electores que vota masivamente a favor de la extrema derecha que abandera Bolsonaro.
Malafaia es una de las fuentes del recientemente estrenado documental 'Apocalipsis en los Trópicos', de la autora Petra Costa. Su película 'Al filo de la de la Democracia', del 2019, que narró el devenir de la política brasileña de los últimos años, fue finalista para mejor documental en los premios Óscar del año siguiente. Costa se había dado a conocer con el filme 'Elena' (2012), en el que narra cómo su hermana mayor, Elena Andrade, pereció en su sueño de convertirse en actriz de Hollywood.
Al interior de la religión
El trabajo de Costa busca identificar los nexos entre la religión y la política que cada vez son más íntimos en Brasil. El acercamiento con Malafaia es revelador. Para el pastor se trata de una lucha entre el “bien”, que representa el cristianismo radical, cuya rama evangélica propone la lectura literal de la Biblia, y el “mal” que corresponde a la izquierda.
También tiene acceso al entorno de Lula, quien en el filme reivindica su fe (en su tiempo fue cercano a Malafaia) y mira de cerca a Bolsonaro y a su cuasi monosilábico discurso. Aparecen también el ex juez Sergio Moro, el ministro Alexandre de Moraes y varios ciudadanos de a pie de distintas posturas políticas, entre otros.
El trabajo documental va de la mano con el devenir de Brasil como estado, sobre todo a partir de su consolidación a mediados del siglo XX, en particular con la construcción de Brasilia, la capital del país (1956-1960). Una ciudad que alberga los tres poderes estatales y que se ha consolidado entre regímenes democráticos y gobiernos militares de facto.
La película también identifica la entrada de los grupos evangélicos en ese mismo periodo, en el marco de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, como un intento de detener la influencia de los países socialistas que lideraba la desaparecida URSS. De ahí que el pionero del adoctrinamiento religioso estadounidense, Jimmy Graham, tuvo una poderosa influencia, por ejemplo, en el estilo y el talante de pastores actuales como Malafaia.
Petra Costa
Petra, de 42 años, es heredera de militantes de izquierda y a la vez nieta del fundador de Andrade Gutiérrez, una empresa salpicada en el escándalo de sobornos con la multinacional Odebrecht. Hechos que la realizadora no esconde y lo señala en “Al filo”. Tampoco su vena progresista, que la ha llevado a contar en la gran pantalla los entresijos de la política de su país. Es feminista, talante que lo recalcó en su segundo documental 'El olmo y la gaviota' (2015), que investiga sobre los dilemas del embarazo de una artista del Circo del Sol francés.

Entre los fieles y los electores
La película pone énfasis en la pandemia del Covid que convirtió a Brasil en el segundo país del mundo más afectado con más de 700 mil víctimas, en medio de la inercia del régimen de Bolsonaro. La autora narra, aunque brevemente, la caída y el resurgimiento de Lula en ese contexto, debido a problemas judiciales (este tema lo desarrolla con potencia en 'Al filo de la Democracia').
También muestra cómo el autoritarismo de Bolsonaro era admitido dentro de las vanguardias religiosas brasileñas, pero tenidas en cuenta como una suerte de mal menor frente a las reformas que lideró la izquierda, una vez que Lula da Silva llegó al poder en 2003. De ahí que el ex legislador pasó de tener un perfil bajo a convertirse en presidencial en un puñado de años. El triunfo de Lula, en 2022 y las manifestaciones en su contra siempre con musculo religioso, marcan el colofón del audiovisual.
La apuesta de este documental llega en un momento que los fanatismos de todo tipo son cuestionados a escala global, sobre todo en el momento que comprometen la convivencia social, como sucedió -según el documental-al final del gobierno de Bolsonaro y en un contexto geopolítico planetario en el que Brasil sigue en medio de turbulencias internas y a un año de elecciones para elegir nuevo presidente.

