
Hay una nueva figura en el cine latinoamericano. Es argentina y se llama Amalia Ulman, partió creando arte en redes y ahora hace películas bendecidas y apadrinadas por los festivales top. Las cintas estás disponibles en la plataforma MUBI.
Amalia Ulman nació en Buenos Aires, Argentina, en 1989. El año es clave: hiperinflación, saqueos en las grandes ciudades, revuelta social y la renuncia del presidente Raúl Alfonsín, primer mandatario post dictadura militar. En esas circunstancias, sus padres deciden mudar la familia a España; Amalia Ulman crece en Europa con raíces latinas, y su personalidad creativa se forma en la Central Saint Martins, parte de la Universidad de las Artes de Londres, una cátedra pública.
En 2014, Ulman produce ‘Net Art’ (proyectos creados exclusivamente para la red), su trabajo es descubierto, cobra relevancia y poco después se exhibe en galerías, museos y ferias internacionales de arte contemporáneo. Nos referimos a piezas como ‘La destrucción de la experiencia’, un vídeo-ensayo sobre cómo Justin Bieber pasó de ser un ‘adolescente angelical’ a un ‘hombre blanco, macho y heterosexual’. El cine, la narración visual y sostenida, era un paso lógico y siguiente para la artista.
El debut de Amalia
Su primera película, 'El Planeta', se estrenó en 2021 y es muy de su época. Comedia, indie, en blanco y negro; muestra a dos personajes que tratan de mantener un estilo de vida degradado por el impacto económico del covid-19. Estos personajes, y aquí viene lo bueno, son madre e hija, son roomates (siempre mala idea ser roomie de tu mami), y son interpretadas por la misma Amelia Ulman y su mismísima señora mamá, Ale Ulman. ‘El Planeta’, tierna y delirante, demuestra que se puede ser artista conceptual y ser humano al mismo tiempo.
La cinta pasó por festivales top, fue recibida con cariño y algo de histeria por la crítica, pero a todo gran debut (con la música y la literatura pasa lo mismo) le siguen preguntas ineludibles: ¿qué viene después?, ¿será igual de bueno?, ¿recordaremos el nombre de esta chica cuando hayan pasado uno o dos vídeos? Las respuestas, en este caso, son todas positivas: sí, sí, sí. No solo que la recordaremos, sino que estaremos pendientes de lo que haga pues su mirada viene en curva ascendente y al parecer recién comienza.
Pasaron, eso sí, cuatro años hasta su siguiente largometraje (esto no significa que Amalia esté quieta, chequeen su Instagram y verán), que se estrenó apenas hace unos meses, a mediados de mayo del 2025. La peli, una ‘coproducción independiente’ entre Estados Unidos, Argentina y Reino Unido, se encuentra disponible en la plataforma de streaming MUBI, se llama ‘Magic Farm’ (Granja mágica) y aunque sus personajes principales sean norteamericanos tiene mucho y tanto que ver con Latinoamérica, con Argentina y hasta con Ecuador.

Magia y cumbia
Amalia Ulman se radicó en Los Ángeles, California, desde 2014, pero en ‘Magic Farm’ hace un papel de argentina traspapelada y convertida en newyorkina hípster. Es parte del ‘crew’ de un medio digital que, según dicen ellos, viaja por el mundo rastreando las tendencias más raras y exóticas que puedan encontrar. De hecho, llegan a Latinoamérica buscando a un grupo musical, Los Conquistadores, cuyo vídeo para la canción ‘El Conejito’ les parece una pieza perfecta de contenido.
En el vídeo de ‘El Conejito’ aparecen cuatro hombres andinos, vestidos de blanco y con largas y felpudas orejas sobre la cabeza, y los productores de la nota quieren saber si esta es una tendencia, si quienes viven en ‘este pueblo’ bailan y cantan de esa manera, con orejas y saltando. Pero han cometido dos errores ‘grosos, che’. 1) La canción salió a finales del siglo pasado, en 1998, no es tendencia ni nada que se le parezca. 2) El país al que han llegado, mal informados y con pocas ganas de informarse, es Argentina, no Ecuador.
Así las cosas, desesperados por un tema kitsch que puedan vender, el equipo de producción convive con una pequeña comunidad de vecinos rurales, más (obvio) gauchos que andinos, e inventan entre todos una cumbia y su respectiva coreografía. La situación es absurda y funciona por una simple razón: detrás de la cumbia y el baile, se abre espacio para conocer a los personajes de esta película, para inmiscuirnos en su relación con ‘la realidad real’, y descubrir que la fantasía que funciona es la que logra engañar a su creador.

