
El caso de Lorena Bobbitt se presenta como un espectáculo circense. El Círculo de Artes Escénicas lo aborda como un espejo de la sociedad. Se reflexiona sobre la violencia de género, la espectacularización del dolor y la memoria colectiva.
Todo empezó con un viaje. Tomar otra vía hacia Guayaquil. Pasar sin planificarlo por Bucay. Entre risas, conversaciones y curvas de carretera, Tanya Sánchez y Matías Belmar (actriz, productora y director artístico del Círculo de Artes Escénicas)recordaron a Lorena Bobbitt, oriunda de allí.
“La ecuatoriana más célebre del mundo”, dicen sin ironía, y quizás con razón por el eco que representó. Porque ¿quién más logró poner el tema de la violencia doméstica en la portada de todos los diarios del planeta con un solo corte?
Desde ese recuerdo, y con la fascinación que siempre les han despertado los hechos que consideran históricos, nació la obra‘Impulso irresistible: Bobbitt vs. Bobbitt’, que aborda este caso desde el prisma del circo mediático.
No querían una metáfora vacía. “Me molesta cuando se dice que la política es un circo”, suelta Matías, “porque nosotros trabajamos muchísimo”.
-El circo es una estructura estética y ética- sostiene seriamente, sin dejar de sonreír. Es una lente para mirar un mundo donde la noticia, más que informar, espectaculariza.

Un juicio bajo la carpa
En 1993, Lorena Bobbitt cortó el pene de su esposo John Wayne Bobbitt tras años de abuso y violación conyugal. El hecho fue considerado brutal. Se lo televisó de una manera tan voraz como morbosa. Médicos, policías, abogados y periodistas la repetían “con una sonrisita mal disimulada”, menciona Tanya.
Ese gesto grotesco -la risa contenida frente a la tragedia- fue el detonante para una obra que no se burla del caso, sino que con un toque de humor explica cómo se lo contó. “Es un espejo del presente y del pasado. Los personajes no pueden evitar reírse, porque todo fue tan absurdo”, dice Tanya.
En escena, el público ve más que una recreación: asiste a un archivo vivo. Con cámaras VHS, pantallas analógicas y testimonios reales, la obra reconstruye no solo el caso, sino la época. “Ver una tele ahora ya es un espectáculo”, bromea Matías, mientras detalla cómo lo análogo se convierte en dispositivo narrativo y no solo escenográfico.
La apuesta estética está atravesada por una ética clara: hacer espectáculo sobre la espectacularización, sin caer en la trampa de la banalización. Cada palabra, cada gesto, cada interacción con el público (que puede transformarse en jurado o cualquier otro personaje improvisado) es un ejercicio de riesgo.
-El malabarista puede caerse, nosotros podemos perder el control de la escena-, expone Tanya. Pero ahí está la potencia de la obra.
Una de las decisiones fue no tomar partido. Aunque Matías reconoce que personalmente está del lado de Lorena, la dramaturgia se construyó como un collage documental con declaraciones reales de los implicados. John, Lorena, los testigos, los abogados, el jurado: todos están presentes en sus propias palabras.
A más de treinta años del caso Bobbitt, esta puesta en escena nos recuerda que la violencia sigue, pero también las posibilidades de resistirla, resignificarla y nombrarla desde otros lenguajes. Incluso, desde un circo o una butaca.
“Más que escribir, fue juntar”, explica Matías. Y ese ejercicio de edición fue también una forma de posicionamiento: permitir que el público construya su propia opinión. Mostrar cómo los medios se ensañaron con Lorena, cómo se celebró a John como “el sobreviviente”, cómo una mujer violentada fue tratada como una latina loca, y cómo la fama terminó siendo su segunda condena.

‘Impulso irresistible: Bobbitt vs. Bobbitt’
• Se presenta en la Patio de Comedias (La Mariscal, Quito)
• Sus funciones son el viernes 13 y sábado 14 de junio a las 19:00 y el domingo 15 a las 18:00.
• Las entradas tienen un costo de: general $15, preventa $12,preferencial $8. Los viernes son 2x1.
• Clasificación: recomendada para mayores de 14 años. La obra contiene lenguaje e imágenes explícitas.
Del circo a la causa
Con los años, Lorena Bobbitt resignificó su historia. Creó una fundación para ayudar a mujeres maltratadas y convirtió su experiencia en plataforma. “Al inicio solo quería desaparecer, que nadie se enterara”, recuerdan Tanya y Matías. Pero después entendió que, si de todas formas se iban a reír de ella, podía aprovechar esa comicidad para dar un mensaje.
La obra, que comenzó a gestarse en 2017, justo cuando el movimiento #MeToo cobraba fuerza, dialoga con estas nuevas luchas sin forzarlas. Porque el caso Bobbitt fue también un punto de quiebre. A partir de este, en EE. UU. se crearon unidades especializadas en violencia doméstica. Se entendió, por fin, que un hombre sí puede cometer una violación sobre su pareja. Que el matrimonio no anula el consentimiento.
La gran tensión de esta puesta en escena fue ética. ¿Cómo representar un caso tan delicado sin caer en el espectáculo? ¿Cómo hablar del circo mediático sin montar otro circo?
“Es caminar sobre huevos”, reconoce Tanya. A lo que Matías afirma que la peor decisión sería no hablar del tema. Por eso, lo enfrentaron con humor crítico, con investigación rigurosa, con asesoría feminista y con la convicción de que, si se hace desde la reflexión, el arte puede ser una vía poderosa para revisarnos.
En el fondo, esta obra no es solo sobre Lorena y John. Es sobre nosotros. Sobre cómo miramos el dolor ajeno, sobre cómo los medios transforman tragedias en ratings, y sobre cómo ciertas risas pueden revelar más que mil sermones.

