
Más de 30 artistas en escena presentan El Último Dragón. El espectáculo reúne acrobacia, equilibrio, humor y leyendas tradicionales en el Gran Circo de China. Once ciudades son parte de la gira de este elenco en Ecuador.
Hay tradiciones que se conservan en libros u objetos. La acrobacia se mantiene, sobre todo, en el cuerpo. Antes de que existieran los grandes escenarios, las luces y las producciones circenses que hoy llenan teatros, en China había personas que convertían el equilibrio, la fuerza y el riesgo en espectáculo.
El circo chino data desde hace más de 2.000 años. Durante la dinastía Han, entre el 206 a. C. y el 220 d. C., estas expresiones formaban parte de los llamados ‘cien juegos’, que reunían acrobacias y malabares, entre otras habilidades.
La tradición sobrevivió de generación en generación. Y ahora el público en Ecuador puede disfrutar del Gran Circo de China. Más de 30 artistas, llegados desde Beijing, recorren once ciudades. El 12 y 13 de septiembre estarán en Quito, en el Teatro San Gabriel.
El show propuesto es El Último Dragón, que combina teatro físico, humor y elementos inspirados en antiguas leyendas chinas. Las enseñanzas de maestros a aprendices han permitido que paraguas, bicicletas, aros, platos y sillas terminaran convertidas en una prueba artística de precisión.
Ocho horas para pocos minutos
Keran Song tiene 30 años. Ella forma parte del acto umbrella, una coreografía que exige equilibrio mientras se manipulan los tradicionales paraguas chinos. Empezó a practicar desde niña, a los nueve años. Los malabares con pelotas llegaron después, de adulta, hace cinco.
Tras el telón están ocho horas de entrenamiento diario. Keran lo cuenta con naturalidad. Para quien mira desde una butaca, un número puede durar apenas unos minutos, pero para alcanzarlos hay años de repetición y horas de práctica.
Cuando se le pregunta por el sacrificio, ella cambia ligeramente el tono. Habla de lo que ha dejado atrás. Nunca tuvo una vida de escuela y no pudo compartir con sus compañeros y familiares. “No tuve un camino normal”. La frase no suena a queja, pues en el otro lado de la balanza está “cumpliendo sus sueños”.
A su lado está Sen Ning, de 34 años. También empezó de niño. Tenía diez años cuando comenzó su formación. En El Último Dragón participa en el acto de las bicicletas y en una rutina con aros.
Justamente, el acto de los aros es lo que considera más difícil. Uno se monta sobre otro hasta alcanzar entre tres y cuatro metros y entonces llega el salto. El cuerpo debe calcular la distancia, la altura y el movimiento en un instante para sobrepasarlos.
Él también entrena durante ocho horas cada día. Al preguntarle cuál es el mayor sacrificio, en medio de carcajadas dice: “no tener vacaciones”.
El Gran Circo Chino
- La gira en Ecuador contempla once ciudades.
- Se presenta en Ambato el 10 de septiembre en el Teatro Lalama; en Quito el 12 y 13 en el Teatro San Gabriel; en Ibarra en el Teatro Gran Colombia el 15; en Tulcán el 16 de septiembre en el Coliseo de la UNE; en Santo Domingo en el Salón de Eventos Hotel Toachi el 17; y cierran en Manta en el Salón de Eventos Hotel Wyndham el 18 de septiembre.
- Antes estuvo en Loja, Machala, Cuenca, Guayaquil y Riobamba.
- Entradas en TicketShow y Ticket Éxito.
- La China National Acrobatic Troupe, fundada en 1950, encabeza la producción.

de agosto. Foto: cortesía.
Cada escenario es diferente
Hay algo que Keran y Sen tienen claro. Cuando hablan de la gira coinciden en que lo difícil no es únicamente ejecutar el número. El mayor reto está en realizarlos en escenarios diferentes.
Cada teatro cuenta con distinta altura y posee otra profundidad. El modificar una rutina es una constante. Los artistas deben conocerlo, medirlo y encontrar la manera de que un acto ensayado durante años funcione nuevamente allí.
María Teresa Chirinos, productora del espectáculo, explica que esa adaptación demuestra “el gran trabajo de la compañía”. “Las destrezas deben ajustarse a las características de cada sala de teatro, por lo que la preparación es permanente”.
También cuenta que de los artistas que estuvieron en Ecuador durante la anterior visita, solo cinco repiten esta vez. En aquella ocasión presentaron Beijing-Beijing Fu Tu. Con El Último Dragón buscan una mayor proximidad con la cultura china.
“El dragón ocupa un lugar central en la tradición y las leyendas chinas -cuenta la productora-. La obra utiliza esa referencia como punto de partida para construir una historia contemporánea sobre el escenario”.
En El Último Dragón aparecen los grandes recursos de la tradición acrobática. El equilibrio aéreo, los saltos, las contorsiones y las coreografías son los ingredientes que forman parte del repertorio. A la propuesta se suma el vestuario milenario, mientras que los sonidos del presente evocan la herencia musical china.
Por eso, durante unos minutos, miles de años estarán frente a las pupilas cercanas del público. No en un museo ni en un libro, sino en el movimiento de Keran, Sen y los demás artistas que, desde niños, aprendieron a convertir sus cuerpos en el lugar donde la historia y la tradición continúan.

