El plano de Quito de Alberto Salazza
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El plano de Quito de Alberto Salazza

Plano de la ciudad de Quito por Alberto Salazza, año 1846. Biblioteca Nacional de Francia, París.

Por Alfonso Ortiz Crespo

Resulta poco conocida la figura de Alberto Salazza, teniente coronel del ejército independista, quien por su actuación recibió una medalla de oro, rubíes y esmeraldas, en cuyo anverso aparecía la leyenda: Vencedor en Pichincha. Mayo 24 de 1822. Quito. Radicado en nuestra ciudad, al siguiente año contrajo matrimonio con doña María Mercedes Mogro, viuda del legendario héroe de Tanizahua, don José García de León y Zaldúa, con quien se había casado hacia 1820, cuando este se encontraba de guarnición en Quito.

José había nacido en Mompox, en la Nueva Granada, en 1776 y pertenecía a la nobleza peninsular, pues su padre fue nada menos que Ramón García de León y Pizarro, gobernador de Guayaquil entre 1779 y 1790. En el puerto, apenas de nueve años, había iniciado su carrera militar, según nos cuenta Abel Romeo Castillo. Con su padre pasó a Salta en 1791, donde había sido nombrado gobernador y en 1797 fue designado presidente e intendente de Chuquisaca.

Sector centro sur del plano de Quito de Salazza: abajo, a la derecha, la Plaza Mayor (25), al centro, arriba, la plaza (27) y el convento de San Francisco (O y P), a su izquierda la plazoleta de Santa Clara (29). Foto: Cortesía.

No sabemos desde cuándo estaba en la guarnición de Quito, pero parece que mostró simpatías por la causa americana, y su comandante, Melchor Aymerich, lo envió a Guayaquil a manera de castigo, donde abrazó decididamente la causa patriota, participando en el movimiento del 9 de octubre de 1820. De inmediato comandó una columna militar, que ascendiendo a la Sierra, buscaba hostigar a las fuerzas realistas. Emboscado en Tanizahua por el cura Benavides, fue tomado prisionero y fusilado en Guaranda al siguiente día de la batalla, el 4 de enero de 1821, y por orden de su antiguo jefe fue cortada su cabeza y enviada a Quito, exhibiéndola por meses en una jaula de hierro en el puente del Machángara.

Al fundarse la república, Salazza fue nombrado organizador y primer director de la Casa de Moneda de Quito, quien a pesar de desconocer los procesos de acuñación, gracias a su formación y experiencia militar, llegó a cumplir con su papel de manera ejemplar.

Desconocemos pormenores de su vida antes de Quito. En su testamento formulado en 1837, dice ser nacido (sin mencionar año) en Murano, en el Reino de Cerdeña, dato que resulta extraño, pues hasta donde sabemos, nunca el reino de los Saboya dominó el Véneto y menos la isla de Murano junto a Venecia. Esto nos obliga a buscar otro sitio de ese nombre, quizá en la isla de Cerdeña o en el Piamonte, territorio continental que formó parte de este reino que existió desde 1720 hasta la embestida napoleónica de finales de 1798. Desde este año la presencia francesa en el Piamonte fue decisiva. Entre 1802 y 1814 la región permaneció anexada a Francia, por lo que cabe imaginar que en esta época se vinculó Salazza a la Grand Armeé, donde había también polacos, austríacos, italianos, etc.

Es posible que Salazza adoptara la nacionalidad francesa o que, siendo italiano de nacimiento, se volviera ciudadano francés al incorporarse los territorios al imperio napoleónico. Esto explicaría por qué un plano manuscrito de Quito de su autoría se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia y con su encabezamiento en francés: Plan de la Ville de Quito par Albert Salazza An 1846, al igual que la leyenda descriptiva que registra un medio centenar de sitios.

Sector sur central en el plano de Salazza: sobre El Panecillo el cuartel español, concluido en 1815 para controlar a los rebeldes quiteños (24). A sus pies el Hospicio (9) y el barrio de La Cruz de Piedra, separado de la ciudad por la quebrada de Jerusalén, límite de las parroquias de El Sagrario y San Roque. Foto: Cortesía.

Este desconocido plano, de 74 X 51 cm, contiene detalles muy curiosos, como la delimitación de las parroquias con líneas de diferentes colores: A. Catedral y su sucursal (El Sagrario), B. Santa Bárbara, C. San Roque, D. San Sebastián, E. San Marcos, F. San Blas y G. Santa Prisca. Señala los usos a los que estaban destinados los locales de los jesuitas expulsados ochenta años antes: a) iglesia y convento de los camilos o sacerdotes regulares de los Agonizantes; b) universidad; c) Casa de Moneda; d) cuartel de la guarnición y e) colegio y seminario de San Luis.

Destaca también el Nuevo palacio del general Flores (Z), mansión que lamentablemente se derrocó a inicios de 1942, para dar paso al pasaje Drouet-Pérez, levantado a mitad de la larga cuadra de la calle Venezuela, entre la Espejo y Sucre, en su vereda oriental. Esta casa también fue residencia de su hijo Antonio, cuando ejerció la Presidencia de la República entre 1888 y 1892. Se asegura que fue levantada con planos de Juan Bautista Washington de Mendeville, cónsul de Francia en Quito, quien llegó a nuestra ciudad el mismo año en que Salazza fechaba su plano. Mendeville contó con la ayuda del joven quiteño Juan Pablo Sanz, quien se destacó como constructor, tipógrafo, grabador y observador de la naturaleza.
Se señalan también las dos casas que sirvieron de observatorios a los académicos de París en la segunda mitad de la década de 1730 (20) y (21). A La Alameda la identifica como jardín público casi abandonado (22), pues recordemos que la municipalidad la tenía arrendada a un particular, quien la tenía sembrada de alfalfa y maíz.

También aparece en La Alameda un Antiguo polvorín destruido (23) y en la cima de El Panecillo, por primera y única vez conocemos, en un plano de Quito, el enteramente arruinado […] cuartel y su fortificación (24), instalaciones militares realistas construidas por Toribio Montes luego de la batalla de El Panecillo del 7 de noviembre de 1812 y la derrota definitiva de las reliquias del ejército quiteño, tres semanas después en Ibarra.

La porción norte de la ciudad, con el paseo de La Alameda y las construcciones circundantes: a la izquierda, iglesia parroquial de San Blas (F) y su plaza (31), el Santo Cristo de la Paz (17), la parroquia de Santa Prisca (G), capilla de Nuestra Señora de Belén (15) y polvorín en ruinas (23). Foto: Cortesía.

Los realistas resolvieron realizar entre 1815 y 1816, en la recuperada ciudad, diversas obras militares: reparación y reforma del cuartel para Dragones que ocupaba desde 1792 el patio noroccidental del antiguo colegio de los jesuitas y adaptación de otra sección de las mismas casas a cuartel de caballería; reparación de la cárcel de Corte; reparaciones en el Palacio de la Audiencia que no se había tocado desde 1747; construcción de una garita militar de avanzada junto al puente del Machángara, y construcción de un depósito de pólvora en el Ejido norte.

Las obras más importantes se ejecutaron en la cima de El Panecillo: un fortín artillado con una batería de cañones dominando la ciudad, que hablarían ante cualquier intento de los rebeldes quiteños. Se accedía por un camino en zigzag que partía del remate de la Calle de las Siete Cruces, hoy García Moreno, vía que franqueaba el foso perimetral, con un puente levadizo, al pie de la muralla que le circundaba.

El recinto se completaba con un cuartel de infantería, con amplios galpones construidos con pilastras de cal y ladrillo, donde no podía faltar una capilla para la misa dominical y el rezo del rosario cada noche. Las aguas lluvias se recogían de las cubiertas y se almacenaban a través de canales de hojalata en una gran cisterna subterránea en forma de cántaro, construida de cal y ladrillo, que en definitiva es la única estructura que sobrevivió por estar originalmente enterrada. Lamentablemente, a fines del año 1961, huaqueros disfrazados de arqueólogos convencieron a las no menos ignorantes autoridades municipales para desenterrar la obra de fábrica de ladrillo, con argamasa de cal y arena, y buscar supuestos tesoros incaicos. Desconociendo su origen, la “olla de El Panecillo” fue descubierta impúdicamente, aislada del contexto por un foso y perforada con un inútil túnel para ingresar al fondo, manteniéndose desatendida e ignorada desde hace medio siglo.

  • Primeras monedas acuñadas en la Casa de Moneda de Quito, bajo la dirección de Alberto Salazza.

Al pie del cerrito, hacia el lado de San Diego, se levantó un almacén de pólvora y municiones, a las que se las conoce como el Fortín; fueron restauradas en 1954 y permanecen abandonadas desde hace décadas. Estas obras se ejecutaron al mando del constructor Martín Pietri, ticinense (Suiza), quien se encontraba al servicio del ejército realista. En 1812 había construido el puente de El Vado en Cuenca, y luego de su permanencia en Quito realizó otras obras militares en la Nueva Granada y Venezuela.
Otra mención singular del plano de Salazza es la del sitio de La Chilena, donde el general Sucre, jefe del ejército colombiano, obligó al general español Aymerich a rendirse por capitulación, lo que puso fin a la guerra de Independencia de Colombia (25). La Chilena, ubicada al final de la actual calle Olmedo, al pie de la loma de San Juan, ha desaparecido del vocabulario quiteño. Por su parte, el cuartel de la cima de El Panecillo fue escenario de la entrega del armamento, banderas y pertrechos de guerra que pasaron a manos de las tropas americanas después del triunfo de Pichincha e inútil desde entonces, desapareció lentamente.

Los cazadores furtivos de tesoros patrimoniales posan con su presa desollada. Excavación de la olla de El Panecillo a inicios de 1962, con el visto bueno de las autoridades municipales, tras supuestos tesoros incaicos en una obra de 1815. (Foto de un expediente del Archivo Municipal de Historia). Foto: Cortesía.

A pesar de la falta de apoyo económico y político, la escasez permanente de metales preciosos para la acuñación, la carencia de maquinaria adecuada y moderna, y la plaga de la falsificación, la labor de Salazza en la Casa de Moneda fue fundamental durante varios lustros. Cuando en 1836, por iniciativa del presidente Vicente Rocafuerte, se reconstruyeron las pirámides de Caraburo y Oyambaro, términos de la base de la triangulación de los geodestas franceses, Salazza hizo grabar las planchas metálicas con inscripciones alusivas para colocarlas en una de sus bases. Su muerte debió ocurrir a inicios del año 1847, según informa el viajero y científico italiano Gaetano Osculati. Los problemas de la ceca de Quito nunca se solucionaron y, a inicios de la década de 1860, se extinguió definitivamente.

A más de sus labores en la Casa de Moneda, Salazza tuvo intereses en empresas mineras en territorio ecuatoriano, en Suni Curi y Pillón; tuvo varias propiedades urbanas y una vida acomodada. Prohijó a Rafael García, el hijo de su esposa Mercedes, quien había quedado de pocos meses, al momento de la trágica muerte de su padre. Más tarde Rafael tomará como su segundo apellido el de Salazza y contraerá nupcias con Mercedes Carrión, una de las grandes fortunas de Quito, con quien procrearán ocho hijos, seis de ellas mujeres, cuya descendencia continúa hoy en el Ecuador.

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