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El microscopio

por Redacción Mundo Diners

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Nada es imperceptible al ojo humano, una expresión que cobra sentido con los lentes microscópicos, responsables de invaluables aportes a la investigación científica y médica.

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Insectos, gotas de agua y espermatozoides fueron los primeros en estar en la mira de rudimentarios lentes que ampliaron el alcance de una simple mirada. El microscopio abrió una nueva perspectiva de la vida y del mundo, gracias a una larguísima lista de inventores que lograron instrumentos cada vez más precisos y potentes.

Sin los microscopios es poco probable que la ciencia se adentrara en la observación de estructuras diminutas y en los mínimos detalles de moléculas, células vivas, virus y bacterias, y alcanzara sólidos avances en estudios de la neurociencia, de procesos biológicos y de enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson, además de proporcionar información para el desarrollo de las ciencias de los materiales y la electrónica.

Una apretada síntesis sobre el desarrollo de un maravilloso instrumento que ha llegado a escalas nanométricas y atómicas comienza con las lentes de aumento de antiguas civilizaciones como “la lente de Nimrud”, un cristal de roca del período neoasirio, datado entre 750 y 710 a. C., según el Museo Británico.

Las lupas antecedieron al primer microscopio compuesto del siglo XVI, que en realidad era un tubo con varias lentes. El crédito de la invención, en 1590, se atribuye a tres holandeses: Hans Janssen, su hijo Zacharias Janssen y Hans Lippershey. Galileo Galilei creó en 1609 un instrumento con lentes cóncava y convexa.

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Mientras en 1625 el médico Giovanni Faber mencionó por primera vez el término “microscopio”, en 1665 el físico inglés Robert Hooke, pionero en la aplicación científica del microscopio, publicó su libro Micrographia y acuñó como célula a la unidad básica de los organismos vivos al observar una muestra de un corcho.

El comerciante de telas holandés Antonie van Leeuwenhoek (1632-1723) se convirtió en “padre de la microbiología”. Aunque no tenía formación educativa superior, la comunidad científica no pudo hacer oídos sordos a observaciones microscópicas de protozoos y bacterias. Construyó lentes y unos quinientos microscopios con una tecnología propia que nunca divulgó (sobrevivió una decena) y documentó múltiples estructuras de seres vivos. Fue el primero en ver a escala microscópica los glóbulos rojos y los espermatozoides.

Un siglo tomó la corrección de la distorsión óptica. Entre 1730 y 1830, con aportes de varios inventores, se corrigió la aberración cromática y esférica de varios instrumentos, entre ellos el microscopio.

A finales del siglo XIX, el físico Ernst Abbe, el industrial Carl Zeiss y el químico Otto Schott impulsaron la era moderna de la microscopía, al desechar el método de construcción típico de la época —de ensayo y error—, y obtener una altísima calidad de lentes con cálculos y experimentos con nuevos materiales.

Según el portal web www.mundomicroscopio.com, nuevas técnicas de microscopía surgieron en el siglo XX, por ejemplo, los rayos ultravioleta para redoblar la resolución de los microscopios ópticos. Pero la mayor innovación fue el microscopio electrónico (de transmisión y barrido) que utiliza electrones en vez de luz visible.

Con la era de las cámaras digitales la microscopía amplió su campo de observación con imágenes visualizadas en la pantalla de un monitor.

La gama ultraavanzada incluye microscopios electrónicos como el Jeol Jem Grand Arm 300 cF del Centro Nacional de Microscopía Electrónica de la Universidad Complutense de Madrid. Es uno de los tres más potentes del mundo y alcanza a “resolver distancias entre dos puntos del orden de 0,05 nanómetros, es decir, sería como ver desde la Tierra un garbanzo en la Luna”.

Edición 459-Agosto 2020