
Una de las historias ecuatorianas que más ha perseverado es la construcción del legendario camino a Esmeraldas. Difícilmente se puede encontrar en el país una obra pública en cuya ejecución se haya insistido tanto hasta convertirla en una verdadera obsesión.
Para dimensionar el asunto hay que tener presente que los primeros intentos de abrir el camino datan de fines del siglo XVI y no concluyeron sino en 1957. Estamos hablando de un período que abarca un total de casi 400 años. De ello hemos sido poco conscientes debido a que los programas del bachillerato nos han acostumbrado a identificar la ejecución del camino única y exclusivamente con esa gran personalidad que fue Pedro Vicente Maldonado.
Esta simplificación es la culpable de haberse abreviado los otros 80 y pico proyectos que contabiliza la historia de “Las Esmeraldas”. Sorprende sobre todo lo silenciadas que han estado esas importantes iniciativas que llevaron a cabo personajes de relieve como el obispo Pérez Calama, Carondelet o el propio García Moreno. De hecho, y salvo unos cortos intervalos, se puede decir que siempre hubo alguien explorando o abriendo trochas. Dentro de este contexto la proeza de Maldonado solo fue una más de tantas, aunque es cierto que resultó ser una de las más exitosas.
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