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El cadáver errante

por Jorge Ortiz

EDICIÓN 486

Eva Perón

Sus críticos, que abundaban, decían que “el mal lo hizo bien y el bien lo hizo mal”, que se encarnizó sin piedad con sus enemigos mientras convertía a la asistencia social en dádivas y clientelismo, que detrás de su amorosa beneficencia había un cálculo político frío y sagaz. Pero los pobres, sus “descamisados”, la adoraban, la veneraban, la tenían por una santa. Santa Evita. Y su muerte a los 33 años, cuando estaba en lo más alto del reconocimiento dentro y fuera de la Argentina, la convirtió en una leyenda, en un mito interminable.

Un cáncer le había desgarrado las entrañas en una agonía larga y cruel, que fue seguida día a día por todo un país que contenía el aliento en espera del desenlace, unos para festejarlo (“viva el cáncer”, escribió alguien en una pared), otros para llorarla sin consuelo. Y es que, tal vez como nunca antes, los argentinos estaban divididos en dos facciones lejanísimas: según cifras de 1940, su país estaba en manos de 1.804 propietarios, gente refinada y culta, sin duda, pero ajena a la situación de los demás.

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Acerca de Jorge Ortiz

Si bien la televisión ha hecho que el público lo conozca, su mejor faceta es la de la escritura, donde demuestra no solo un envidiable conocimiento histórico, sino un estilo terso e impecable. Él dice lo que piensa y lo que cree.
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