Leonard Zelig nació a finales del siglo XIX. Su infancia, marcada por la pobreza de su padre, el olvidado actor judío Morris Zelig, y la presencia de una madrastra severa y frondosa, fue violenta. Aunque la familia vivía en un departamento alquilado, ubicado sobre una sala de bolos, eran los dueños del establecimiento los que constantemente se quejaban por el ruido.
El pequeño Leonard —nadie le dijo Lenny o Lou sino hasta mucho después— pasó buena parte de su niñez castigado. Lo castigaban por cualquier cosa, incluso por abrir la boca para defenderse de los niños antisemitas que lo acosaban en las calles de su barrio. El castigo consistía en encerrarlo en un armario oscuro durante horas y, cuando estaban realmente enfadados, sus padres se encerraban en el armario con él.
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