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El asombro

por Anamaría Correa Crespo

El asombro
Ilustración: María José Mesías

El famoso telescopio James Webb ha sacado muchas fotografías del universo en los últimos meses. Quizá la constatación de la infinitud y de los colores y formas misteriosos del universo te dejarán pasmado y maravillado. Tal vez cuando escuchaste tocar una sinfonía, el compás de la música te transportó y sentiste trascendencia. O miraste, en un día despejado, la fumarola del Cotopaxi y te empequeñeciste. Ese es el asombro, el sentimiento de estar en presencia de algo vasto que rebasa tu comprensión del mundo.

Dicen que una característica que nos distingue de los animales es la autoconciencia y otra cosa que nos separa de ellos (y cabe decir que estas son conclusiones temporales porque muy poco conocemos aún y quizá pecamos de antropocéntricos) es nuestra capacidad de contemplar la belleza, ya sea en la naturaleza o en el arte.

A veces he pensado que existen tres tipos de personas. Las personas que buscan y gozan de la estética; aquellas que no solo la buscan, sino que también la crean —los artistas—, y aquellos que son un poco indiferentes ante ellas porque quizá no se han entrenado para encontrar la belleza en lo inesperado.

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