Ejercicio para ser más feliz, inteligente y no perder la memoria
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Ejercicio para ser más feliz, inteligente y no perder la memoria

La actividad física tiene beneficios para el cuerpo, evidentemente, ¿pero está usted consciente de todo lo bueno que puede hacer por su cerebro?

Usted puede ser una persona más feliz, más inteligente y con mejor memoria si hace del ejercicio un hábito diario. Puede empezar caminando treinta minutos, tres veces por semana, y al poco tiempo verá resultados.

Así lo explica a Mundo Diners el deportólogo Mario Ochoa, al señalar que incluso períodos pequeños de actividad física mejoran las capacidades cognitivas, entre muchos otros beneficios. El ejercicio produce vasodilatación a nivel sistémico y a nivel cerebral, generando óxido nítrico en el endotelio (tejido que tapiza interiormente el corazón), lo que ayudará a que el cerebro capte más oxígeno y nutrientes.

Una segunda ventaja es que la actividad física va a ayudar a que el factor de crecimiento insulínico tipo 1 (IGF-1) active un sistema de transmisores que van a generar que el hipocampo y la corteza prefrontal del cerebro almacenen más conocimientos y se produzca más conexión neuronal.

Pero, además, “vas a estimular hormonas como la serotonina que nos mantiene felices, la dopamina que te da mejor actividad motriz y los endocannabinoides, con los que puedes bloquear dolor y hasta prevenir enfermedades como la demencia y el Alzheimer”, sostiene Ochoa. El sistema endocannabinoide regula los sistemas corporales para mantener el estado de equilibrio del organismo como los niveles de azúcar, la temperatura interna, los niveles de pH de la sangre, la regulación de la cantidad de agua y minerales en el cuerpo y la eliminación de los desechos metabólicos.

Asimismo, los neurotransmisores se estimulan mientras más actividades motrices finas y gruesas se realicen. Según el especialista, en personas sanas con actividad física regular se ha comprobado que la corteza cerebral se preserva mejor que en las personas que no se ejercitan.

Pero lo más importante para Ochoa es que las personas sepan que la edad no es un limitante para empezar a ejercitarse y que, sin importar el momento en que se retome la actividad física, habrá efectos positivos a corto, mediano y largo plazos.

“Se puede recuperar los procesos cognitivos con estimulación y con adaptación de la actividad física en personas mayores de sesenta años. Además, puedes tener una remodelación cardiaca y cuando mejora el trabajo del corazón también mejora la actividad cerebral”, anota.

De acuerdo con su experiencia, lo primero que se recupera a partir de los quince días son los niveles de concentración, luego de dos meses mejoran los niveles de cálculo y a partir de los tres meses se optimizan las actividades coordinativas de la vida diaria.

Asimismo, la memoria a corto plazo mejora a partir de los ocho o diez días; sin embargo, para recuperar facultades cognitivas a largo plazo es necesario trabajar con más estimulaciones a nivel cerebral. “Cuando se hace esta simbiosis entre la actividad terapéutica y la cognitiva conductual se logran resultados impresionantes”, afirma el deportólogo, y recalca que lo primero que se debe hacer es contactar con un experto para una evaluación y prescripción deportiva, sobre todo si nunca ha hecho actividad física o si tiene algún tipo de preexistencia o condición especial.

Aunque una actividad de treinta minutos, tres veces por semana es ideal para empezar, si la persona quiere tener más beneficios debe intentar ejercitarse al menos 150 minutos semanalmente, y si existe un exceso de peso se plantea que sean trescientos minutos semanales. “Si no tienes una buena condición aeróbica, problemas de coronarias o alguna otra preexistencia, hay que hacerlo de forma moderada porque para obtener los beneficios no se necesita de una intensidad muy alta”.

De esta manera, si se inicia con la actividad física a una edad media de treinta o cuarenta años, el cerebro se conservará mejor y los problemas cognitivos en la vejez serán menores, sobre todo los relacionados con la demencia y enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes.

Para Ochoa todos estos resultados tienen relación con el proceso evolutivo del ser humano, pues “fuimos nómadas durante ocho mil años de evolución o más, y el cuerpo está acostumbrado a trabajar en movimiento, a trabajar con el medio y a hacer una vida activa, no estamos diseñados para estar ocho horas frente al computador o sin hacer nada”.

Lo importante es que usted se convenza de que hay una actividad física para cada edad, que se puede adaptar para el adulto mayor e incluso para las personas con discapacidad. Lo fundamental es tener la convicción de que un estado físico óptimo nos ayudará a envejecer de mejor manera. (Ángela Meléndez)

Fotografía: Shutterstock
Edición 467-Abril 2021

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