Por Fausto Rivera Yánez.
Edición 437 – octubre 2018.
Peregrino de dos mundos. Residente en dos mitades. Transeúnte entre dos lenguas. Carlos Echeverría Kossak, hijo único de una pareja de padre ecuatoriano y madre polaca, no tiene una identidad fija, anclada en un solo lado. El vasto terreno por el que camina está hecho de una hibridez cultural que salpica toda su obra plástica, una en la que el espacio —ocupado o vacío; con humanos o naturaleza; poblado de edificios modernos o dólmenes— es el gran protagonista.
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