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Doomscrolling: nuestra fascinación por las malas noticias virtuales

por Gabriela Paz y Miño

Doomscrolling: malas noticias.
Ilustración: Shutterstock

Leer y compartir la información más tóxica nos genera ansiedad, pero al mismo tiempo una sensación de seguridad. La paradoja tiene una explicación: según los expertos, es como ver un accidente de tránsito y sentir un íntimo alivio de no ser parte de él.

Pasar horas enteras, que se consumen como si fueran segundos, frente a la pantalla del teléfono celular, iluminados por su resplandor (y de paso, perdiendo la vista), para consumir noticias… generalmente malas.

No poder despegarse del dispositivo; deslizar el dedo para que aparezca más información —incluidas las secuencias de broncas interminables en los comentarios a las publicaciones— sin entender ni por qué ni para qué lo haces. Terminar empachado de negatividad, ansioso/a, irritable, nervioso y, muchas veces, malanochado, porque el hábito es especialmente nocturno.

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Acerca de Gabriela Paz y Miño

Periodista y escritora ecuatoriana, residente en Barcelona. Ha trabajado como reportera, editora y columnista en medios de Ecuador, USA y España. Actualmente colabora de forma independiente en periódicos y revistas de su país de origen y de acogida.
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