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Donde el sol pierde su reino

por Jennie Carrasco Molina

Donde el sol pierde su reino

Adolfo Macías
Seix Barral, Bogotá, 2022

Es una novela cruda, dura. En medio de la sordidez de habitáculos, donde seres sin alma se pierden en drogas y alcohol, está el amor como un destello, como la confianza en que ser humano es tener, hasta el final, la esperanza de redimirse y ganar el premio de la aceptación de los otros. Es la historia de un bailarín cuyos talentos se ven opacados por la entrega a una vida de disipación y oscuridad. Sus pasos tambalean, cae en el escenario. La abuela lo disminuye, opaca sus aptitudes, lo avergüenza. Ella personifica una nobleza venida a menos, que grita frente al palacio presidencial para recuperar bienes perdidos en su memoria alucinada.

Mirar la ciudad desde los ojos de este bailarín es pasear por calles, barrios, bares de Quito, con nombres y apellidos. Dentro de cada costura —bellamente descrita por Macías— se encuentran puntadas dolorosas, dramas producto de un sistema inoperante, olores y sabores que van más allá de los sentidos para convertirse en metáforas de un entorno mísero pero verdadero. “No es tu culpa, es la puta vida que nos agarra a todos”, justifica el director de la escuela de danza.

Es la vida que se niega en los salones respetables. Los “limpios”, los que rezuman pulcritud están en sus casas de ventanas pulidas, en sus oficinas olorosas a perfume artificial. Pero de esto no se habla en la novela. El autor toca, abre, se sumerge en los mundos más subterráneos y los saca a la luz desde la estética de su literatura y desde su aguda visión psicológica de las situaciones y los personajes.

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