Dogville o los inocentes criminales.
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Dogville o los inocentes criminales.

Por Gonzalo Maldonado Albán.

Edición 454 – marzo 2020.

La película transmite una angustiante sensación de claustrofobia. Aquella sensación se consigue porque todo el filme está rodado en un pequeño estudio con piso de madera, donde una señalética mínima —similar a la que Bertolt Brecht usa en sus obras de teatro— indica lo que el espectador debería imaginar que existe: desde unos arbustos de grosella hasta un perro llamado Moisés. En ese espacio mínimo, desprovisto de casi todo —incluso de puertas, ventanas y paredes—, los protagonistas de esta historia viven muy cerca uno del otro, casi amontonados, pero ensimismados en sus propias tragedias personales.

Este pueblo miserable, ubicado en las montañas de Colorado durante los años de la Gran Depresión, se llama Dogville (Villa Perro) y tiene apenas quince habitantes. Llevan una vida desangelada —se dedican a pulir vasos o a cultivar manzanas—, salvo uno, Tom Edison Jr., el diletante del pueblo que decide convertirse en el regidor moral de sus vecinos, sin que nadie se lo haya pedido.

Tom desea poner a prueba los valores humanos —no hay una sola mención a Dios ni a la religión en toda la película— de sus vecinos y lo consigue: una noche, tras escuchar unos disparos en la cercanía, alcanza a ver a Grace, una mujer bellísima que huye de quien se adivina es un encumbrado mafioso.

Tom la acoge y aboga porque el resto del pueblo también lo haga. De esta forma arranca un experimento social en Dogville que, al principio, parece ser un encomio de la ética protestante norteamericana, pero que termina convirtiéndose en un fiasco moral porque Grace, la víctima que huía para proteger su vida, termina convirtiéndose en esclava, incluso sexual, de los habitantes de aquel pueblo inmundo.

El lenguaje edulcorado de los personajes y del narrador refuerzan la maldad de aquella situación y subrayan el cinismo de sus habitantes. Todos ellos parecen no estar al tanto de la gravedad de sus acciones, sino solo contentos con satisfacer sus necesidades más básicas. Es, a mi modo de ver, una inocencia malvada, parecida a la que Hannah Arendt describe en su Informe sobre la banalidad del mal, cuando habla de los criminales nazis que se exculpan con argumentos administrativos.

¿Merecen perdón los inocentes criminales de Dogville? Grace decide que no, por una razón filosófica: si los perdonara, razona, sería arrogante de su parte pues estaría justificando los crímenes de esas personas con el pretexto de que son seres inferiores, como los perros o cualquier otro animal.

Y ser arrogante es lo peor que una persona puede ser, concluye la protagonista. Armada de claridad moral, ella misma conduce y ejecuta su castigo, convencida de que el mundo será mejor si Dogville desaparece. Es, a mi modo de ver, un final plausible y edificante para tanta infamia.

DEL MAESTRO DANÉS VON TRIER

El célebre y controvertido Lars von Trier dirigió también Melancolía, Rompiendo las olas, El anticristo y Ninfomanía. • Con Dogville ganó el Premio Bodil a la mejor película danesa. • Protagonizada por Nicole Kidman y Paul Bettany. “Una historia de intolerancia y venganzas, cruel y brillante”.

]]>

Comparte este artículo
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Más artículos de la edición actual

En este mes

La muerte del pensador

Por Jorge Ortiz. Edición 459 – agosto 2020. El mundo, en especial la Europa demolida a cañonazos durante cuatro años, estaba convulsionado y desanimado como

En este mes

Sergio Moscona en el circo de la vida

Por Milagros Aguirre. Fotografías: cortesía de Sergio Moscona. Edición 459 – agosto 2020. Contorsionistas y equilibristas, payasos, arlequines y magos, domadores de fieras, gimnastas, elefantes

En este mes

El padre Aurelio, un clásico

Por Gustavo Salazar Calle. Fotografía: El Comercio. Edición 459 – agosto 2020. Humanista. Traductor. Ensayista. Creador de la biblioteca más importante del Ecuador. Colaborador de

En este mes

No hay un solo camino para aprender

Por Soraya Constante Edición 459 – agosto 2020.Fotografía: Shutterstock Somos muchos los que pensamos lo mismo: nuestros hijos están pasando más tiempo del que deberían

En este mes

Una guerrera por el planeta

Por Elisa Sicouret Lynch. Fotografía: Cortesía. Edición 459 – agosto 2020. Cecilia Hidalgo Torres, directora de la oenegé Mingas por el Mar, considera que el

En este mes

Retratos centenarios

Texto y fotografías: Jorge Vinueza Edición 459 – agosto 2020. En el centro del parque Centenario se encuentra, desde hace mucho tiempo, un personaje que

También te puede interesar

Columnistas

Erupciones y exorcismos

Por Rafael Lugo. Ilustración: Tito Martínez. Edición 455 – abril 2020. Hace algunas semanas un periódico de Quito publicó un reportaje sobre un sacerdo­te que

Columnistas

Tránsito hacia Connecticut.

Por Francisco Febres Cordero. Ilustración: Mario Salvador. Edición 438 – noviembre 2018. Connecticut no se llamaba todavía Connecticut cuando nos instalamos en sus cercanías para

Columnistas

La última mujer sobre la Tierra

Por María Fernanda Ampuero Ilustración: Mauricio Maggiorini Edición 457-Junio 2020 El pasado Domingo de Ramos mi hermano me envió una foto de mi mamá con

Columnistas

Camarones Ingapirca

Por Gonzalo Dávila Trueba Ilustración: Camilo Pazmiño Edición 457-Junio 2020 A los cocineros de vez en cuando se nos corre alguna teja de la cabeza.

Columnistas

El alero de las palomas sucias

Las inolvidables manchas de París Por Huilo Ruales París empezaba a las cinco de la mañana en la place de Pigalle, al pie de Montmartre.

Ana Cristina Franco

Crónica de la Tierra

Por Ana Cristina Franco Cuando tenía siete años pensaba que un día mis padres me llamarían al cuarto y me dirían “tenemos que hablar contigo”.