Flee: escape de Afganistán

EDICIÓN 485

Documental animado Flee
Flee.

Una forma de cine que ha cobrado cierta importancia es el del documental animado. Es decir, un filme de no ficción, basado en hechos totalmente reales, realizado con técnicas de animación.

Algunos de los filmes más representativos del documental animado son Valse con Bashir de 2008 —sobre la guerra del Líbano de los años setenta y ochenta—; Is the Man Who is Tall Happy de 2003 —del francés Michel Gondry sobre el lingüista Noam Chomsky—; y, en el Ecuador, el hermoso filme Vicenta de Carla Valencia, ganadora de varios premios internacionales.

A esta lista se suma la notable Flee. Se trata de una cinta danesa del director Jonas Poher Rasmussen, que alcanzó nominaciones a los Premios Óscar en las categorías de mejor película internacional, mejor película documental y mejor película animada.

Flee cuenta la historia de Amin —nombre que ha sido cambiado para proteger su identidad—, un refugiado afgano que en la actualidad vive en Dinamarca. A través de una serie de entrevistas, Amin cuenta la tortuosa saga de su escape de la convulsionada Kabul de los años ochenta, de su larga escala en una tétrica Moscú y su nueva huida hacia Escandinavia.

Alrededor de su historia se cuenta, de paso, el turbulento estado del mundo en una época donde la Guerra Fría imperaba todavía.

Jonas Poher Rasmussen director de documental Flee.
Jonas Poher Rasmussen.

Algo complica más las cosas: Amin es homosexual. Aquello no es problema en la liberal Escandinavia, donde actualmente vive con su novio, pero sí lo era durante su adolescencia en Afganistán, y durante todo el periplo de su escape.

Rasmussen, el director, juega libremente —y con gran eficacia— entre los problemas migratorios de la vida de Amin como refugiado, y su vida interior como un ser humano lleno de sentimientos, certezas y dudas.

Una confesión de vida

Flee, o escape, es una confesión de vida extensa, emocional y conmovedora. Quizás el hecho de que el testimonio de Amin haya sido animado —es decir, sin la presencia de una cámara— ha logrado que dicha revelación nos permita, como espectadores, sumergirnos con profundidad y cercanía a la vida de Amin.

Y le ha dado al protagonista la posibilidad de narrar su vida como una suerte de terapia en la que abre un libro traumático. Resulta difícil encontrar, dentro del cine reciente, una crónica de una diáspora tan devastadora, donde queda tan claro que el acto de escapar de un sistema totalitario no solamente es un acto material, sino un estado emocional, anímico y mental de larga duración.

Para el director del filme animado la historia también es íntima. Amin es uno de sus mejores amigos desde hace más de veinticinco años. Esta circunstancia nos permite sentir una gran empatía con el relato de Amin, acentuando el tono de confesión que lleva el filme.

Además, Rasmussen inserta varias secuencias reales, tomadas de archivo, lo que le da a Flee un sentido de paso del tiempo. Una joya de película.

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