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Vencer a las olas del mar

por Jorge Ortiz

Demóstenes
Demóstenes practicando oratoria en la costa de la antigua Grecia.

Su ilusión de toda la vida era ser orador: un hombre de voz poderosa, retórica hábil y argumentos sólidos, capaz de litigar con éxito ante los jueces y, tal vez, de emprender una carrera política prolongada y triunfal. La oratoria —él lo sabía— era lo suyo, lo que le apasionaba, lo que le daba sentido a su vivir.

Pero, contrariando su vocación, su voz, que era apagada y vidriosa, se quebraba con facilidad en cuanto trataba de levantar el tono porque sus pulmones se quedaban sin aire. Para colmo, su elocución era pobre, con un defecto tan notorio en la pronunciación de la letra ‘r’ que embarraba toda su habla y la volvía torpe y hasta incomprensible. Pero su decisión era inquebrantable: sería orador.

Para su ciudad, Atenas, eran tiempos revueltos. Sí, el siglo V antes de Cristo era una época de desdichas, porque con la epidemia del año 431 y la derrota militar frente a Esparta habían llegado el abatimiento y la declinación, a pesar del talento de sus pensadores (que habían creado la filosofía), de sus políticos (que habían diseñado la democracia), de sus dramaturgos (que habían escrito tragedias eternas) y de sus científicos (que habían hecho avances asombrosos en varias disciplinas).

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Acerca de Jorge Ortiz

Si bien la televisión ha hecho que el público lo conozca, su mejor faceta es la de la escritura, donde demuestra no solo un envidiable conocimiento histórico, sino un estilo terso e impecable. Él dice lo que piensa y lo que cree.
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