Por Diego Cazar Baquero.
Edición 449 - octubre 2019.
En 1974 Ermita Dolores Castillo Carriel tenía diez años y ya trabajaba. La pequeña había aprendido de su madre y de las mujeres mayores a tender la fibra de abacá para secarla al sol. De vez en cuando también arriaba una mula para llevar los atados de fibra al campamento donde vivía, para que otros campesinos los desfibraran.
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