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Mundo Diners al día

Luz Albán, hacedora de casas

por Gabriel Flores Flores

Luz Alban
Luz Albán es una de las fundadoras del proyecto cultural El Útero. Foto: Armando Prado.

Después de siete años, el proyecto cultural El Útero cerró las puertas de sus espacios físicos. En su momento, este lugar se convirtió en el epicentro de la actividad cultural en Quito. Una de sus fundadoras es Luz Albán, una joven bailarina que se transformó en un referente de la gestión cultural. 

La casa familiar

Al inicio, la rehabilitación de la casa iba a durar solo dos meses pero tomó seis. Los primeros que la habitaron fueron Luz, Esteban, Giovanna y Pierre. Poco a poco llegaron los demás: acróbatas aéreos, profesoras de yoga, productores audiovisuales y artistas plásticos. También se sumaron tatuadores, diseñadores, artesanos y libreros.

Entre 2017 y 2022, en esta casa del barrio La Mariscal se gestó uno de los espacios culturales independientes más activos de Quito, El Útero. Aquí se dictaron clases de danza, escultura, artes plásticas, acrobacias aéreas. Se montaron conciertos y lanzamientos de libros. Y se reunieron cineastas, colectivos de trabajadoras sexuales, escritores, vecinos del barrio y emprendedores locales. 

A mediados de 2023, El Útero dejó La Mariscal y abrió dos sedes -una en la avenida 24 de Mayo y otra entre las calles 10 de Agosto y Mercadillo-. Con la mudanza, llegaron y se fueron ‘inquilinos’. Una de las que se quedó fue Luz Albán. Esta bailarina es el rostro más visible de un proyecto cultural, que comenzó como un sueño familiar.

A lo largo de su vida, Luz ha soñado con muchas cosas. Ser profesora, guitarrista de una banda de metal y bailarina de danza contemporánea. “Me enamoré de la danza durante un concierto de Viuda Negra, en la Casa de la Cultura. En el escenario había un grupo de bailarinas y me encantó lo que hicieron, desde ahí no dejé la danza”. Persiguiendo ese amor se graduó en el Colegio La Condamine y fue a estudiar a París. 

-¿Ahora, qué es para ti la danza? 

- Mi profesión, pero sobre todo es mi camino hacia la libertad. Mi esencia es bailar. Cuando bailo siento que soy cien por ciento yo. Mientras bailo estoy conectada con el presente. En la vida de gestora cultural siempre estoy en el futuro. 

Cuando regresó de Francia, Luz quería abrir una sala de danza para entrenarse y dictar talleres; Pierre Durand, su expareja, buscaba un espacio para trabajar sus esculturas; Giovanna Ruggiero, su madre, necesitaba cambiar de profesión; y Esteban Albán, su hermano, tenía una cafetería, pero quería un lugar donde conectar la cocina con proyectos sociales. Un día, los cuatro se reunieron a conversar y nació El Útero. El que encontró la casa de La Mariscal fue Pierre. La arrendaron, la rehabilitaron y consiguieron el asesoramiento de Yomara Rosero, gestora cultural fundadora de Maki Cultura. 

Luz Albán
Luz Albán afuera de la sede de El Útero que funcionaba en la 24 de Mayo. Foto: Armando Prado.

La casa de Luz Albán

En la casa de su infancia, el cuarto de Luz tenía paredes de color vino llenas de fotos de bailarinas. Entre esa habitación y la de sus dos hermanos mayores creció una niña extrovertida y con buen sentido del humor. Una niña que tocaba el piano para complacer a su abuela y que siempre evitó los problemas, porque para eso ya estaban sus ñaños. 

Su madre la recuerda responsable e independiente. Muy obstinada con las cosas que quería. “Estoy orgullosa de la mujer en la que se ha convertido. Ella siempre fue el motor del proyecto en el que nos embarcamos como familia. Además de ser metódica y adicta al trabajo es la persona más responsable que he conocido”. Desde niña, Luz tuvo conciencia de que vivía en un mundo con privilegios y que sus padres tenían una buena situación económica. Sabía que no vivía en una familia perfecta; pero que, sobre todo su madre lo entregaba todo. 

¿Qué es para ti una casa?

Es un lugar en el que me siento cómoda, en el que puedo ser yo misma y estar en paz. Es el sitio en el que encuentro abrigo y confort. El Útero y todas las casas culturales tendrían que tener como objetivo que la gente se sienta cómoda. Para nosotros fue un reto compartir la casa con otras personas. En La Mariscal había gente que se sentaba en el jardín y se ponía a leer y otros que solo iban para reunirse con otras personas”. 

Desde pequeña, Luz estuvo conectada con lo que pasaba en el país y le preocupa mucho la desigualdad en el mundo. Entre los 17 y 24 años vivió en Francia. París le cambió la vida y la hizo crecer. Lo que más le gustó de la ciudad fue la cantidad de cosas que podía hacer, pero también descubrió que había mucha discriminación a los africanos y a los árabes. “Si no estás preparado la ciudad te come y te puede mandar al carajo, porque el ritmo de vida es intenso”. 

Una casa en la 24 de Mayo 

Antes de la mudanza a la 24 de Mayo, la gente comparaba El Útero con la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Luz dice que nunca pensaron que podían igualarse con esta institución. “Siento que decían eso porque en El Útero pasaban montones de cosas, sobre todo para los artistas emergentes. Al principio, abrimos la puerta a todo, desde bandas que lanzaban su primera canción hasta artistas emergentes que querían montar su exposición”. 

Al principio, le decían sí a todo, solo para que el espacio tenga vida; luego comenzaron a cernir las propuestas. Aprendieron a ver qué le gustaba a la gente. Ahí nació la Luz gestora cultural. Al inicio, no se llamaba a sí misma así, porque no sentía que lo era. Con el tiempo aprendió a armar proyectos, presupuestos y postular a consultorías. “Como gestores culturales hay que tener la responsabilidad de entender qué funciona y que no. Yo era bien antisistema, pero luego entendí que no es así nomás de hacer las cosas, que tienes que conocer las leyes y la dinámica de la ciudad”. 

¿Quieres que haya más casas como El Útero en Quito?

Sí, ese es uno de mis sueños. Realmente la decisión de tener dos sedes no fue fácil. No estaba cien por ciento de acuerdo, porque me daba mucho miedo. Decía que si a veces es difícil sostener un espacio, cómo íbamos a sostener dos. Ahora uno de nuestros retos es abrir la gestión a más personas y que no dependa de sus fundadores, sino que sea algo más colectivo. Nos gustaría que hubiera un Útero en Cuenca o en Guayaquil. 

El Útero de la 24 de Mayo estaba en una casa de tres pisos que arrendaron a un alemán que trabajó en Ecuador. En esta casa funcionaban el restaurante que manejaba su madre y La Polilla, una tienda de microemprendimientos. Había salas para eventos, exposiciones y ferias.

Luz sabía que llegaron a un territorio con problemas sociales, pero también con iniciativas culturales en cada esquina. Ahora esta casa cerró sus puertas. Una de las razones que los fundadores anotan en su misiva es que la crisis del país afectó a su modelo de gestión, y que lo mismo pasa con otros espacios independientes de la ciudad.

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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