Skip to main content

Cuarentenials

por Milagros Aguirre

Por Milagros Aguirre

Edición 458-Julio 2020

Ilustración: Adn Montalvo

Firmas001a 1
Ojo de agua cuarentenials 458

Ignacio llegó en pleno confinamiento pandémico y es lo más lindo, dulce y perfecto de este mundo. De mi mundo, claro. Llegó mostrando la esperanza en medio de la tristeza y la desolación. Es como una luz a medianoche. Es el canto del pajarito que interrumpe el silencio aterrador del toque de queda cuando cae la tarde. Pienso en él mientras gozo con el rosal que acaba de florecer y que tiene cuatro botones. Su sonrisa se parece a la alegría del geranio que quiere mirar por la ventana y abrigarse con el rayo de sol. Ignacio es la fuerza de la vida. Vino en un momento en el que no hay como verse, tocarse, abrazarse, visitarse. Ignacio ya tiene un mes y aún sus abuelos (yo, su casi abuela) no hemos podido abrazarlo ni cargarlo ni cantarle una canción de cuna. Lo vemos cada semana por Zoom, que es por donde ahora ha toca visitarse, y yo muero por tenerle en mis brazos, por pasear con él, por cantarle al oído y esperar que se duerma con una sonrisa. Quiero enseñarle cosas, contarle cuentos y leerle poemas, hacerle dulces y galletas. Quiero jugar con él a la pelota y convertirme en su caballito. Quiero correr en el campo y armar con él rompecabezas. Quiero verlo crecer y verlo comerse el mundo, comprarle regalos y compartir sus travesuras, que es lo que aprendí de mi madre, que era la mejor abuela del mundo.

[rml_read_more]

Ignacio, y también Elena, Alexandra y Simón, han venido al mundo en estos tiempos enrarecidos, oscuros. Ellos serán de esa generación de cuarentenials, niños nacidos antes y durante la pandemia de 2020 que mantuvo al mundo entero en vilo y a su gente guardada, poniéndose cloro y alcohol con vehemencia para protegerse de ese intruso invisible que ha venido a cambiar nuestros hábitos y nuestras vidas. Han llegado a este mundo cuando el miedo se impone. Cuando el rostro de las personas debe ser cubierto por barbijos. Han llegado en un momento de reinante pesimismo, de catástrofe, de miseria a la vista, de teorías conspiratorias y de desobligo. Han llegado cuando unos se debaten entre morir por el virus o morir por el hambre.

En los ojos de Ignacio, en su rostro de paz cuando duerme, en su ternura, es donde está la posibilidad de un mundo mejor. En las caritas de Ignacio, de Elena, de Alexandra y de Simón, está la esperanza de un mundo nuevo, más justo. Porque ellos, cuando crezcan, oirán de boca de sus padres que vivieron la pandemia, que tuvieron que pasar cincuenta, sesenta, noventa días de aislamiento y que no se dejaron romper por la tristeza o la impotencia, que la ilusión de su llegada fue la mejor vacuna contra la desesperación. Ellos, que ahora pertenecen a la generación de los cuarentenials, crecerán sabiendo lo que es la resiliencia, el amor, la solidaridad y la esperanza.

Imagen de perfil

Acerca de Milagros Aguirre

Periodista y editora, autora de varios libros sobre la Amazonía. Actualmente, Editora General de Abya Yala y columnista de Mundo Diners y La Barra Espaciadora.
SUS ARTÍCULOS