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Cómo se bautizan las especies

por Rafael Méndez Meneses

Imagina que caminas por una arboleda y, de repente, encuentras una rana, una mariposa o un ave. Le tomas una foto y la comparas con todos los animales que se le parecen, pero no hay con qué comparar. Investigas, consultas y descubres que es una especie desconocida para la ciencia, y probablemente tiene en su piel o sus alas la cura para alguna enfermedad. ¿Qué nombre le pondrías? No hablamos solo del animalito que tienes frente a ti, sino de toda una especie.

Elegir un nombre para nuevas especies suele ser sencillo, más de lo que parece. Usualmente se define con alguna referencia al sitio donde fueron descubiertas, a alguien importante en la conservación de la especie, a una característica particular o en honor a una persona significativa para quien la descubre. Hay especies como Pristimantis ledzeppelin, bautizada así en honor a la popular banda británica de rock, o Anolis nemonteae, por Nemonte Nenquimo, defensora de la naturaleza. Asimismo, hay científicos que han dado nombres más íntimos a las especies que descubrieron: la de un ser querido o su héroe de la infancia.

En el Ecuador, el descubrimiento de nuevas especies es casi un tema cotidiano. Solo en 2020 se encontraron diecinueve nuevas especies de ranas y sapos, el 12 % del que se ha registrado en todo el mundo en ese año. Según la última revisión del estado anfibio mundial realizado por la Universidad de Berkeley, nuestro país es el que más especies ha descrito en los últimos cinco años, a pesar de las limitaciones de presupuesto y tecnología.

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Acerca de Rafael Méndez Meneses

Ha publicado varios libros de poesía y microrrelato. También escribe, dirige y produce documentales. Llevaba casi una década sin escribir para esta revista.
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