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Mundo Diners al día

Carta a Miguel Varea

por Gabriel Flores Flores

Miguel Varea
La exposición 'Miguel Varea: Lectura Visual para todos' se exhibe en el Museo Nacional del Ecuador. Foto: David Landeta.

*Artículo de opinión

Hola, Miguel

Te escribo para contarte la última, la plena, la certera. Sé que exponer tu obra en galerías, museos o centros culturales no te quitaba el sueño -por cierto, ¿qué te quitaba el sueño Miguel?- pero ahí te va. El Museo Nacional (MuNa) acaba de inaugurar una exposición en homenaje a tu trayectoria artística y en ella te destacan como precursor del arte contemporáneo de este país. Sí, de este paisito al que siempre viste con ironía e irreverencia. El mismo en el que ahora se vuelven a exhibir tus dibujos y pinturas; y en donde se van a leer tus textos, esos en los que muestras tu mundo interior y en los que reemplazas la "q" o la "c" por la "K". No olvido que para ti el lenguaje siempre fue una herramienta con la que hacías y deshacías.

La exposición se llama ‘Miguel Varea: Lectura visual para todos’. ¿Te acuerdas de ‘Virus k me persigue’, ese cuadro que pintaste cuando se pusieron de moda los virus y que originalmente era en blanco y negro y luego le pusiste color? Bueno, esa es la primera obra tuya con la que se topan las personas que entran al MuNa. Está en la planta baja y el día de la inauguración, a unos pasos de allí, tu hijo Martín hizo un performance. Estuvieron todos Miguel, la Dayuma, el Jerónimo, los amigos que hiciste a lo largo de la vida. No faltaron las sonrisas de hornado y los suspiros; porque, seamos sinceros, te haces extrañar. 

Lo pepa de la exposición está en el segundo piso. La Ana Rosa Valdez, que ahora es directora de este museo, me acompañó en el recorrido. Mientras ella me explicaba sobre la curaduría, yo me acercaba a tus cuadros para mirar los detalles de los dibujos, esas tramas que creabas con tinta y que por décadas plasmaste en hojas, cartones y hasta en puertas. También me aproximaba a leer tus textos. A un par les tome la respectiva foto del recuerdo. Te comparto este: “Siento soledades en la kabeza de un alfiler y kuando alzo la vista el suelo se desintegra, se desmorona, siento komezones y siento ke me rekorren…”. 

En el segundo piso del MuNa hay varias salas y en una de ellas decidieron reunir varios de tus autorretratos. Ahí está esa ‘selfie’ pictórica en la que apareces con gafas estilo John Lennon y una melena corta. ¿Eran los años 70, cierto? En esa misma sala está tu obra ‘Los hijos del putismo’, inspirada en Leopoldo Marechal, ese escritor argentino al que descubriste durante los años dorados de la Librería Cima, en Quito. Lo veo mientras la Ana Rosa me cuenta que cuando te preguntaban a qué ismo pertenecías, tu respondías que al ‘yoísmo’. 

Al salir de esa sala me encuentro con tu nombre, un Miguel Varea escrito en letra manuscrita. Me parece infantil y juguetón. Enseguida entro a otra sala en donde leo, entre otras cosas: “Korrupción kon-K”. Sé que te gustaba jugar con las palabras y acomodarlas a tu antojo para que tus ideas tuvieran más fuerza, más impacto visual. También sé que te gustaba jugar con las normas y las formalidades, por eso se me salió una sonrisa cuando me paré frente a la invitación que recibiste para participar en la Bienal de Medellín y a la que tú convertiste en una especie de collage.

En este punto, la Ana Rosa se puso un poco densa en su discurso. Me habló de anticonceptualismo y teoría ideoestética; ya sabes, cosas elevadas frente a las que uno solo abre los ojos como dos canicas. Mientras la escuchaba, me preguntaba si alguna vez leíste a Nicanor Parra y qué pensarías si te dijera que así como él apostó por la antipoesía, siento que de alguna manera tú lo hiciste por una especie de antiarte. Lo digo por ese vínculo tuyo con lo coloquial y lo popular; con la vida cotidiana que fuiste plasmando en series como la Estétika del Disimulo, la Estétika de la Muralla o la Estétika de la Desaparición, de todas estas series hay obras en la exposición, Miguel.

También están obras como ‘Krítiko de derecha y Krítiko de izquierda’, esa aguafuerte que se convirtió en la portada de la primera edición de Mundo Diners. Hubiera sido lindo tenerte en la celebración de la edición 500, que fue hace poquito, pero nos quedan tus conversaciones con el ‘Pájaro’ Febres Cordero y la Milagros Aguirre. También el testimonio de una de tus sobrinas, la Ana Cristina Franco. Quizás muy a tu pesar, Miguel, la prensa local dedicó páginas enteras a contar sobre tu trabajo transgresor y en el que, como dice la Ana Rosa, ponías todo en sospecha. Eso también se puede ver en esta muestra. 

Lo bakán de esta exposición, espero que no te moleste que juegue un ratito con la ortografía de las palabras, es encontrarse con obras tuyas que no se han exhibido hace buen rato, como ‘El retorno de la perra kolorada’, la instalación que comisionaste para un evento de Reina de Quito, allá por los años 90, y que es parte de la colección del MuNa. No quería despedirme sin recordarte las obras que son parte de la Estétika de la Desaparición, porque ese juego de tramas y luces que creaste logran que cualquiera que se pare frente a ellas contemple su mundo interior. Y eso, Miguel, en estos tiempos convulsos y llenos de violencia hay que agradecerlo. 

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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