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Ping-pong conceptual

por Salvador Izquierdo

Ping pong
Fotografía: Cortesía Salvador Izquierdo.

Cuando tenía doce años vivía en una casa que daba a un parque. Desde la ventana de mi cuarto miraba todo lo que pasaba ahí, sobre todo, partidos amateurs de tenis y de ecuavóley. He sido un fiel seguidor de los deportes a lo largo de mi vida. Jugué mucho fútbol cuando era más joven, pero también soy capaz de verlos, porque conozco las reglas y algo de los contextos particulares de muchos de ellos, no solo del soccer, sino del hockey sobre hielo, el básquetbol, el fútbol americano, el atletismo, la natación, la gimnasia olímpica… sea lo que sea: si hay un partido de bádminton o de rugby en la tele, me quedo viendo un rato; si, cruzando el parque, me encuentro con deportistas de pelota nacional o de básquet en silla de ruedas, me detengo, no puedo evitarlo; ver deportes para mí conjura expectativas, promueve la concentración. Soy curioso y me gusta reposar la mirada sobre el movimiento. Creo que tiene que ver con esa ventana frente a la que pasé tantas horas muertas.

Y quizás por eso mismo me impactó tanto la obra de la artista mexicana Teresa Margolles, realizada en el Museo de Arte Moderno de Cuenca, durante la actual edición de la Bienal. La vi entrar, sin saber que era ella. Margolles es mexicana, bajita; usaba gorra y gafas; estaba vestida de negro y tenía una cámara al hombro. Su trayectoria, que recién voy descubriendo, incluye trabajo artístico alrededor de subculturas urbanas, la juventud y la violencia en nuestro continente. En 2001 ganó la Bienal de Cuenca, pero en esta nueva participación había decidido no concursar, porque no podía devolver al mercado algo que había sido retirado de él. Mis hijos jugaban con su obra. Ella se les acercó y les dijo que quien ganara el partido se llevaría una camiseta negra que había mandado a hacer con la leyenda CUANTO PUEDE SOPORTAR EL ECUADOR. No era una pregunta ni una aseveración, sino ambas cosas.

Eran tres mesas de ping-pong fabricadas a base de cemento y estupefacientes incautados y encapsulados. La policía incauta tanta droga en nuestro país, ahora, que no saben qué hacer con ella. La han quemado y, recientemente, mediante la técnica de la encapsulación en cemento, se la usa como material de construcción. El equipo de producción de la obra gestionó y documentó todo el proceso de la elaboración de las mesas, desde cero, desde ir a hablar con la policía con la propuesta, poco común, de usar la droga en una obra de arte participativa, en Cuenca. En el transcurso de la tarde que pasé en el museo también llegaron unos jóvenes integrantes del equipo de tenis de mesa de una federación deportiva local. Ceremoniosos, llamaron la atención del público con un ritual, y luego jugaron en silencio, entre ellos, en las tres mesas, para terminar con una ronda del tradicional “mosca”, en la mesa central, todos juntos, correteando. Fue emotivo por lo sencillo, por la claridad de un mensaje pacifista y retirado de los discursos pesados que a veces entorpecen las prácticas del arte contemporáneo.

Al conversar con mis hijos, la artista les preguntó que de qué lado iban a estar, si es que iban a atacar o defenderse pero, antes de que respondieran, dijo que podrían estar de ambos lados, en diferentes momentos de su vida. Ella estaba emocionada también. Esta edición de la Bienal que aún sigue abierta tiene, en la obra de Teresa Margolles, su premio no oficial.

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Acerca de Salvador Izquierdo

(Londres, 1980). Escritor, co-fundador de Editorial Festina Lente y actualmente Decano de la Escuela de Formación General de la Universidad de las Américas. Su último libro se llama Cómo estás?
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