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Maniac

por Salvador Izquierdo

maniac novela

Benjamín Labatut publicó su novela The Maniac a finales del año pasado. Leí el texto convencido de que era un hito de la literatura contemporánea. No podía parar de leerlo y, después, de escucharlo, porque pasé de la muestra gratuita del libro digital a la adquisición del audiolibro. Apareció simultáneamente en español, en inglés y en audio. El autor chileno tiene la habilidad de pasar desapercibido en el texto. Es un artesano de la palabra y un maestro del conocimiento humano. El grueso de la novela lo conforma una historia oral de John von Neumann, según muchos, el hombre más inteligente que jamás ha vivido. Leemos (o escuchamos) a su madre, su esposa, sus amigos, contarnos acerca de él. La temática es familiar para Labatut, Un verdor terrible, su anterior libro, ya abordaba la historia de la ciencia desde un registro narrativo. Son textos que se apoyan en el ensayo, pero no pueden ser consideradas otra cosa que novelas por su carácter multigenérico e inclasificable. Por su intención.

Uno de los momentos que más me impactó fue un intercambio casual en el que se comenta que la inteligencia de una persona se mide por el tipo de preguntas que sabe formular. Esta idea es un llamado a escuchar, más que sermonear, y a valorar profundidades por encima de superficialidades. Creo. Una buena conversación no se da porque una de las dos personas sea un storyteller fascinante o porque sea intelectualmente superior a la otra, sino por un intercambio agudo que trasciende lo elemental. Una buena pregunta nos puede retar a aventurarnos, a tomar un camino imprevisto, a conocernos mejor. Es una apuesta.

libro maniac

Al mismo tiempo, mientras escuchaba el audiolibro, no podía dejar de pensar que esta fascinación con genios atormentados del siglo pasado era problemática. Von Neumann fue un genio de las matemáticas y la computación, pero un desastre como persona. Maniático, frívolo, con pocos escrúpulos. Por un lado, el libro lo humaniza, y, por otro, te exige dedicarle tiempo a algo que no entiendes del todo y que quizás no necesitas entender, no quieres entender. ¿Quién necesita a los genios, levante la mano?

Decidí preguntárselo al propio autor. Labatut me respondió, casi enseguida, a pesar de que arrastraba encima una jornada agotadora de promoción de su libro. Fue cortante en dos de sus respuestas y, caí en cuenta, que hacer buenas preguntas es difícil, e intentarlo no siempre tiene su recompensa. Al mismo tiempo, me dejó esta gran respuesta a la pregunta de los genios:

—¿Crees en la magia? ¿Crees en los genios? —le pregunté (palabras más, palabras menos).

—No creer en los genios es como no creer en las cordilleras. Están ahí, sobresaliendo de forma magnífica y aterrorizante, recordándonos a diario, con su mera presencia, que el ser humano no puede ser reducido a los promedios, y que somos, en muchos sentidos, algo milagroso, incomprensible y singular. La magia del genio es indudable: la capacidad de traer algo nuevo al mundo o de ver un aspecto de la realidad que nadie había sospechado. Eso incluye al Buda, a Einstein, a Violeta Parra, a Madame Curie o a Bob Dylan. Lo que sea que opera al interior de la mente y el espíritu de los genios, su aspecto externo, aquello que llega a nuestros ojos, es siempre excepcional y novedoso. Y, muchas veces, aterrador.

Gracias, Benjamín.

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Acerca de Salvador Izquierdo

Escritor, co-fundador de Editorial Festina Lente y actualmente Decano de la Escuela de Formación General de la Universidad de las Américas. Su último libro se llama Cómo estás?
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